viernes, 24 de julio de 2009

Crisis de Consciencia


Soy una mala persona.

Terrible, a decir verdad.

Por lo menos eso es lo que me han dicho por los últimos días, meses, años quizás. Mis amistades, mi familia y hasta extraños en la calle…siempre he sido criticado por ser un egoísta, idiota, criticón, interesado y con una actitud aniñada y que no le importa nada en la vida.

Y me lo he ganado, antes era de esa forma…hacía chistes a expensas de otros, muy poco me interesaba y realmente era interesado…pedía favores y no daba, y peor aún no agradecía. Pero he intentado cambiar, y he explicado que ese de ahí no era yo…cuando mis padres se divorciaron me afectó mucho, más de lo que quisiera admitir, y desarrolle una pared emocional que no dejaba acercarse a nadie…intentaba alejar a los que estaban cerca de mi y actuaba como si todo estuviera bien, hasta tal punto que hace dos meses converse con una amiga del colegio que no tenia idea que mis padres se habían divorciado…y dos años después de que había sucedido un conocido recién se entero por que mi padre ya no pasa tiempo aquí en la casa. Tenía buenas intenciones, y hacía buenas cosas…pero con los conocidos, la gente que veía diario era el relajado, el que hacía chistes sarcásticos, era el imbecil, porque todos me tildaban de idiota y prácticamente analfabeto… leía a ocultas y me guardaba mis opiniones de verdad, las que tenían sentido y contexto, en la cabeza….solo decía un “¡Sí!” lo cual reforzaba la creencia de mi estupidez.

Acepto que durante esos tiempos merecía ser insultado…pero ahora aprecio a la gente cercana a mí. Se los digo cada vez que tengo oportunidad…pero parece que hasta mis palabras virtuales los hartan, definitivamente me tienen asco y repudian…no me lo dicen en la cara pero sus actitudes lo demuestran.

“Realmente te aprecio como pata, sé que soy una persona difícil de tratar pero…”
“Huevon, ya me tiene harto ese discurso…cambia de tema”

Tal vez es que a veces, cuando estoy bajo en la moral, algo común conmigo, quiero hablar…quiero narrar lo que siento, decir como me sentí durante esos años, buscar una persona que pueda entenderme y yo entender, pero no se puede. Aquella pared sigue ahí, indestructible, inamovible, y carcomiéndome cada día. Personas me han ofrecido un oído en el que desahogarme, pero no puedo hacerlo…las palabras se atascan en mi garganta, siento mi cuerpo temblar y mi mente me lleva de vuelta a aquellos días…y lo único que sale de mis labios es “Estoy bien” seguido de un intento de sonrisa y chistes que siguen un guión, que son pensados en mi cabeza y luego dichas, intentando hacer reír a alguien y hacerles pensar que soy como ellos, normal, buena gente y de fácil interacción.

Pero, si uno intenta… ¿no merece una segunda oportunidad? Aprecio a la gente cercana a mí, le tengo total fidelidad a mi familia, mataría y moriría por ellos…pese a que los resiento, no me caen muchas veces y se me hacen insoportables los respeto…son todo lo que tengo en el mundo, todo lo que tendré…mis padres siempre me inculcaron eso, amores, amistades y todo puede ir y venir, pero los hermanos y padres siempre estarán ahí, la familia siempre debe ser unida y protegerse sea como sea. A mi hermano lo critico e insulto a menudo, pero nunca dejaría que le pasé algo malo. Como dije, son todo lo que tengo.

Sé que soy un mal hijo, saco bajas notas y pocas veces les digo a mis padres que los aprecio, pero les muestro respeto infinito que, creo a mi edad, muchos jóvenes no poseen. Llamo a mi madre para que no se preocupe por mí, tiene 56 años y es divorciada, nosotros somos todo para ella, y no quiero preocuparla en ninguna ocasión.

Mis amistades….nótese que no los llamo amigos, nunca lo he hecho ni nunca lo haré…patas, conocidos, amistades, yuntas, brothers, causas…todo menos amigo. Amigos quiere decir confianza, camadería, alguien que esta ahí para ti…yo no soy eso para ellos ni ellos para mí. Nunca tuve amigos, siempre dije que los problemas de uno, uno mismo debe resolverlos…algo contradictorio si ves que muchas veces he querido hablar de mis problemas, pero eso es lo que creo, y tal vez esa mentalidad mantiene en pie aquella pared de la que hablaba.

“Véndeme tu celular”
“¿Cuánto das?”
“50 soles”
“Nada causa, otro tipo me va a dar 100, lo lamento”
“Pero yo soy tu amigo pues, y quiero ese celular”
“Pero tu tienes uno, no es como que lo necesitas. Y en el otro lado es más ganancia”
“¿Ves? Luego te quejas…todo lo que te interesa es el dinero, eres un huevon de mierda, me llegas. Eres un interesado, apuesto a que ves a una persona muriéndose de hambre y piensas si te traerá ganancias…siempre hablando de que quieres hacer lo correcto y ves como te pones cuando tu pata necesita un favor…eres un idiota convenido…”

Tal vez lo soy, tal vez soy todo lo que me dicen y peor aún…pero intento cambiar, en serio. No me burlo de los demás, solo bromeo…tengo dos conocidos que no ingresaron a las universidades que querían y tuvieron que irse a otras, ellos hicieron chistes sobre el hecho que es probable que me boten de mi universidad (jalo otra vez un curso y me expulsan) y cuando los confronte sobre eso se rieron, les explique que me parecía de mal gusto, pero al sacar la lista de mis errores pasados me quedé callado…felizmente no sentí la tentación de sacarles en cara sus desgracias universitarias, mi yo más joven e impulsivo definitivamente hubiera hecho eso, yo me quedé callado y me retire.

Por que soy una mala persona. Independientemente de lo que me haya hecho actuar de esa forma (traumas infantiles, divorcio de padres, negación de la realidad) acepto mis errores, para con todos a los que alguna vez pude ofender…tal vez escribo esto por el hecho que me he dado cuenta que he perdido contacto con todos aquellos que creí serían mis patas de por vida. Me peleé con uno, perdí contacto con otro, al ultimo le puedo sentir un resentimiento profundo cada vez que nos vemos…ahora solo hablo con un viejo conocido que dejó el colegio hace mucho y con gente que he conocido en los últimos meses, esperando que algún día ellos no sean quienes me insulten al otro lado de la conversación, pese a merecerlo, creo que he tenido mucho de eso por el momento.

Posdata: Me disculpo por todos mis errores pasados y prometo pagarlos de alguna forma.

martes, 21 de julio de 2009

Esclavo del dinero

“Por la puta madre”

Acababa de salir de un edificio ubicado en el centro de la ciudad, molesto, furioso y frustrado conmigo mismo. Trabajo yendo a un edificio a cobrar las rentas, y según lo que me explicaron al ofrecerme el trabajo solo tendría que asistir tres veces por mes al lugar: A principios de mes, dos oficinas pagan esos días; la quincena del mes, otras dos oficinas pagan ese día; y a fin de mes, una oficina paga ese día.

Cien soles por un trabajo que solo me pide tres días al mes sonaba bien al principio. Pero esta es la sexta vez que he ido al edificio este mes y aún no me pagan. Tal vez sea mi culpa, tal vez no influyó el respeto necesario, pero el caso era que una oficina se negaba a darme el dinero. Tal vez deba aclarar que la oficina esta debe pagar dos rentas al mes, una a la quincena y la otra a fines, debe un año y debe pagar doble para poder arreglar la situación.

He intentado localizarlo los últimos cuatro días al señor, pero su teléfono esta desconectado y su celular apagado, así que confiado dejé un mensaje en el celular, llamé a la oficina del frente y me dijeron que el señor si estaba presente, silencioso y ejecutando mis movimientos como un ninja me acerqué, toqué la puerta y esperé.

> ¿Ya es época de pagarte?
> Estamos 21, usted paga el 15…
> No tengo, hubieras llamado, no soy adivino chico.

Le expliqué, conteniendo la rabia y ganas de lanzarle un puñete al hombre delante mío, que había intentado localizarlo los últimos cuatro días, y que yo no era ningún pordiosero como para que me esté diciendo “no tengo, pásate mañana”, le expliqué que si no pagaba mañana tendría que dejar la oficina, mi superior me había dado esa autorización, y salí del edificio velozmente, siempre me han enseñado que no puedes dejar a tus adversarios ver que te han afectado.

Me reuní con mi padre luego, consecuentemente tomé un carro que me llevará a mi hogar, el stress de la situación, y la universidad que esta a punto de botarme, estaba empezando a afectarme, calculé que los cuarenta minutos que duraba el viaje sería más que suficiente para calmarme, pagué mi pasaje y esperé mi vuelto, “ahorita vuelvo, espéreme un segundo” dijo el cobrador antes de ir a la puerta a hacer entrar a más pasajeros.

Uno de los hombres que entraba al vehículo no se sentó, se aclaró la garganta mientras empezaba un discurso sobre lo injusto de la vida. Por azares del destino, o tal vez una intervención de fuerza superior, mi celular no tenía batería, así que no tenía música para distraerme y tuve que escuchar a aquél hombre narrar su historia…

Padre de dos hijas; típico pensé, usar a los hijos para atacar al corazón de las personas; había descubierto que tenía sida; ¿Cómo se había contagiado? ¿Había engañado a su mujer? ¿Pobre atención medica? Había un hoyo en esa historia que daba a demostrar una pobre mentira, una pobre historia sin soporte hecha para estafar a los demás; su familia lo había abandonado por ser una carga, ¿Vuelco original? Nunca había escuchado una historia con ese giro; terminó su relato diciendo que vivía en una habitación que le costaba tres soles la noche y que solo nos pedía comida ya que trabaja en la noche pero solo le daba exacto para pagar el cuarto, rogaba con lagrimas en los ojos por comida, caramelos o chocolates, no quería nada más.

Su historia ya no tenía sentido, ¿un pordiosero que no pidiera dinero?, ¿lloraba?, dudé, mis manos apretaron las monedas en mis bolsillos, el hombre se acercaba a mi asiento y yo empezaba a temblar del miedo, como si el hombre fuera fuego y yo pólvora, ¿Qué hacer?, ¿le daba dinero ante la falta de alimentos?, reconté las monedas, un sol es demasiado para darle a un pordiosero…esa frase asaltó mi cerebro, pero no con mi voz, sino con la de mi padre.

El hombre se acercaba, una niña le regaló una bolsa de papitas y sus ojos se humedecieron aún más, “Gracias niña, que Dios te tenga en su gracia”, un sol es demasiado repetía mi mente, miré al cobrador del vehículo, listo, el me daría medio sol de vuelto y eso podría dársele al mendigo.

El hombre se seguía acercando, y yo temblaba como si se tratara del iceberg que derrotó al Titanic, ¿por qué se demoraba tanto el cobrador?, un sol es mucho para un pordiosero repetía mi padre una y otra vez, el hombre llegó hasta mi lugar.

Como un cobarde moví la cabeza y observé el suelo, el hombre pasó de largo, el cobrador vino a mí y me entregó mi vuelto, el pordiosero estaba a punto de bajar…

“Esperé, señor, tome” El hombre aceptó dichoso el dinero y bajó del vehículo con una sonrisa…

Aún ahora, a medianoche, desearía haber sido yo el que lo hubiera parado para entregarle dinero, pero como un tacaño cobarde me quedé en mi asiento, mi mano apretando la moneda fuertemente.

Bajé del vehículo, de mis padres mi papá siempre había sido el que proveía el dinero en la casa, y me había enseñado que a los pobres solo se les ayuda de vez en cuando, no siempre, uno trabaja por su dinero y debería gastárselo en si mismo, ayudar a otros esta bien solo en algunas ocasiones. Pero yo nunca lo vi darle dinero a los pobres, en navidad íbamos a regalar muñecos rotos y que ya no queríamos, y eso siempre yo lo había reprochado.

Hasta el día de hoy, mis ojos se abrieron, había cambiado. Cuando salí del colegio recuerdo que siempre me quejaba de la gente que no daba asientos a los ancianos en los carros, a los que se hacían los dormidos para ignorar a los mayores en este tipo de situaciones, siempre intentaba dar dinero a los pobres y tenía la actitud positiva ante los problemas de otros. Creía que podía hacer la diferencia y que podía ayudar a los demás. Ahora no doy asiento a los ancianos, pocas veces en realidad, y casi nunca le regalo dinero a los que piden en las calles. O si lo hago, hago lo que quería hacer hoy, dar poco, dar las sobras.

¿Estaba tan frustrado con lo que me había sucedido que me la había desquitado con un tercero? ¿Estaba tan envuelto en mis propios problemas que no podía ver los de otros por un momento? Este no era el caso de una persona que mentía para hacer dinero fácil, esta persona pedía comida y la aceptaba gustoso, aceptaba gustoso la sobra de los demás. ¿Me había convertido en aquellos que tanto insultaba? ¿La avaricia había puesto sus brazos encima mió sin que yo me diera cuenta?

Tomé el segundo carro para llegar a mi hogar, la cabeza me daba vueltas, ¿En que me había convertido?, ¿esto es lo que le hace el dinero a las personas?, mis nudillos se volvían blancos de aplicar tanta fuerza en el puño que guardaba la moneda, me sentía asqueroso, la moneda me daba asco, yo mismo me daba asco, siempre intentando vivir bajo un código moral, siempre intentando hacer lo correcto cuando algo se presentaba en mi vida, pero cuando se trataba de la vida de otros, de hacer algo correcto respecto a la vida de otros, me volvía como los demás, como aquellos que insultaba cuando era iluso y joven…

Una señora entró al vehiculo y empezó a pasar por los asientos, diciéndonos que vendía dulces y que si le podíamos comprar para ayudarla, llegó a mi sitio y le di aquella mitad de sol en mi mano, aquél dinero que me hacía sentir enfermo.

La mujer me dijo que eligiera cuantos dulces quería, cogí dos caramelos de limón y uno de menta, la mujer me ofreció mi vuelto y por un segundo pensé en aceptarlo, pero le dije que se lo quedara, me bendijo y siguió con otros pasajeros.

La menta sabía horrible en mi boca mientras en mi mente juraba encontrar dentro de mí a aquel niño que quería ayudar a los demás y hacerlo vivir otra vez, juraba ser una mejor persona…

Aún ahora, ni el limón ni la menta pudieron ayudarme a dejar de sentir asco, me arde la mano con el recuerdo de aquella moneda manchada en pecado, pero agradecido de haberme dado cuenta que me había vuelto un esclavo del dinero.

Nunca más…

lunes, 20 de julio de 2009

La seducción de la inocencia


Sentado en una mesa de una hamburguesería, junto a una persona que hace mucho consideraba un amigo y ahora solo lo veo como conocido, me pongo a pensar en la juventud y la sexualidad.

He sido criado bajo una mentalidad tradicionalista, y tal vez mis pensamientos se basen en ellos más que nada. Pero ya soy mayor, estoy en la universidad por amor de Dios, así que creo que mi opinión es tan valida como cualquier otra.

Mi amigo y yo discutíamos sobre cosas triviales, quién ganaría entre Superman y Batman, entre Alianza y Universitario, Argentina o Brasil…cosas sin sentido y que nos ayudaban a distraernos de la horripilante verdad de que la sociedad a nuestro alrededor era un pálido reflejo de lo que podría llegar a ser.

De repente un trío de chicas cruza la calle, entrando en nuestro campo de visión. Yo rápidamente bajé la mirada, me interesaba más en el momento mi comida que absorber con la mirada chicas que nunca lograría tener, fantasear con escenarios imposibles y complacerme con deseos que no tenían base en la realidad. Una rápida mirada al rostro de mi acompañante y lo opuesto sucedía, él devoraba con la mirada a las muchachas, sus ojos viajaban en círculos, de pies a cabeza; como una danza predispuesta, una lista de objetos a observar, como si de la lista de compras se tratara: primero piernas; asegurarse que estén bien formadas, luego cintura; bien proporcionada, seguido de los pechos; globos apetitosos, por ultimo el rostro; facciones de niña aún.

Mientras él se dedicaba a guardar la imagen para sus fantasías de medianoche yo decidí darles una segunda mirada a las muchachas, algo descuadraba ahí. Dándome cuenta de qué me molestaba volteé a enfrentar a mi conocido, una mezcla de molestia y burla en mi voz.

> Eres conscientes que son unas niñas, ¿verdad?
> ¿Qué? – por un segundo dejó de ver a las chicas, me observó rápidamente sin atención. Su mirada volvió a devorar a las muchachas que se desvanecían en el horizonte, como todas las mujeres en nuestras vidas. Mientras estaba distraído le robe unas papas de su plato.
> Trece años, catorce recién cumplidos a lo mucho.

Me volvió a observar, la incomodidad había desaparecido de mí ser, no quería estar sentado cerca de un posible pederasta, y solo quedaba asombro y diversión ante el rostro de mi ex amigo.

> Imposible…

Pero se dio cuenta que yo estaba en la razón, por un momento se vio molesto consigo mismo y luego resumió su almuerzo. Terminamos nuestras hamburguesas en silencio, yo sonreía entretenido, hasta que esas palabras salieron de sus labios, el ambiente se volvió frío.

> ¿Y cual es el problema de todas formas? Tienen catorce…gran cosa.

Nos paramos de la mesa y nos retiramos del establecimiento, caminando por las calles que la humildad olvidó. Me quedé callado por unos segundos, ¿hablaba en serio?, le expliqué lentamente, como a un niño, que nosotros tendríamos veinte años en poco más de un año, y que ahora mismo podríamos ser enviados a la cárcel por algo como eso. Inclusive cité un ejemplo que mi padre, abogado como aparentemente seré yo en el futuro, me contó una vez, sobre un chico que tuvo sexo con su enamorada un año menor que él, con la terrible suerte que la chica tenía 17 cuando él tenía 18. No sé cuanto tiempo de cárcel tuvo aquel muchacho.

Él lo pensó por un segundo antes de explicar que de todas formas ellas eran apetecibles sexualmente, como si de un pedazo de carne o trofeo se trataran, y que él no tendría problemas en tener sexo con ellas. Rápidamente cambiamos de tema antes que empezáramos un debate que podría perjudicar nuestra ya frágil amistad.

Ahora, han pasado días desde esa conversación pero me encuentro meditabundo. ¿Un chico de 18 años debería ser considerado pederasta por querer salir con una de 15 o 16? El ejemplo de mi compañero es radical, pero sí llevaba un gran pensamiento. Dos años no parece mucha distancia en edad cuando se trata de una relación, ¿por qué se trata con doble estándar entonces? La gente acepta a viejos de 50 con chicas de 30 pero parece ser que un chico de 20 con una muchacha de 16 es un sacrilegio.

Este pequeño debate mental, entre lo que es justo para otros y lo que me dicen los valores que mi madre siempre ha inculcado en mí, se vio reforzado tarde esta noche cuando una chica joven, quince recién cumplidos creo yo, empezó a dar bastantes indirectas mediante una conversación que mantuvimos por correo electrónico.

Que no tengo novio, que quiero salir aquí, me tomé un montón de nuevas fotos, ¿quieres verlas?, me molestan los chicos de mi edad por qué no son maduros como los mayores…indirectas que no tenían ninguna cualidad para merecer este nombre lanzadas a mi persona, frases que llegaban a una persona que contestaba a ellas con respuestas frías, impersonales e insultantes, sin esa intención, pero las cosas debían ser dejadas en claro.

Italo, de quién su blog recomiendo, me dijo que estaba bien que me mantuviera fiel a mis ideales, pesé a que creo que en su mente no esta tan de acuerdo con la forma en la que actué, o la forma en la que veo toda esta situación, amor y relaciones, a decir verdad.

¿Ustedes que opinan? ¿Los límites de edad importan o son de la escuela de “en el amor no existe edad”? ¿Románticos o analíticos?

Tal vez este tema merezca una mirada más profunda, he intentado analizarlo desde el punto de vista del adulto recibiendo los halagos y el que es flirteado, tal vez deba analizarse desde el punto de vista de aquél ilusionado con la persona mayor, del flirteador que creé tener un chance con aquella persona que le lleva unos cuantos años bien puestos, pero que están muy alejados en la evolución de personalidad como para que algo nazca.

Por lo menos ya se quien será mi materia de estudio…

viernes, 17 de julio de 2009

Un lobo disfrazado de oveja.


Resultado de entrevistar a un chico plástico:

Se sienta absorto en la computadora mientras me escucha divagar sobre la vida, las amistades y la no existencia del amor. Ha nacido, crecido y probablemente morirá en esta misma zona, Chacarilla – Surco. De estatura mediana, ¿un metro sesenta quizás?, contextura delgada y pelo siempre arreglado detrás de una bincha, la persona delante mía es un enigma que no debería estar ahí. No me atrevería a llamarlo mejor amigo, no le tengo confianza ni él a mí como para querer etiquetarnos de alguna forma, pero lo cierto es que es la única persona con la que tengo contacto por mi hogar y a la única que soporto.

Es flaco, sus brazos parecen pequeños palos chinos colgando libremente de su torso, pero, aún así, esconde una musculatura debajo de sus ropas que me haría pensar dos veces querer tener un altercado con él.

Sus ojos siempre cambiantes de color son lo que atraen más a las mujeres, o por lo menos así dice. A decir verdad es difícil creer que una persona como él, con una nariz llamativa y una voz rasposa como ninguna otra, pueda ser el galán que yo se que es. Los gustos de las mujeres no son lo que muestra la televisión supongo, o tal vez mi visión de la belleza se deba a que he crecido acostumbrado a ver mi rostro en el espejo, haberse condicionado a observar la abominación que me devuelve la mirada en el espejo debe haber torcido mis conceptos.

Pero cuando habla, en el instante en el que para de hablar sobre mujeres y relatos de aventuras sexuales y conquistas románticas, es cuando puedes apreciar que es diferente. No es como el resto del grupo de niños bonitos, su mente no gira alrededor de sexo y fiestas, tiene una personalidad propia que te hace pensar el por qué se refugia con todos los chicos plásticos.

Habla sobre la realidad de la vida, de cómo no cree en el amor y de cómo quiere pasarla solo. Por momentos la personalidad de cartón aparece, dice que quiere a una vieja con plata o una chica con buen cuerpo con dinero, pero tan rápido como aparece desaparece. Es un misterio.

No es una persona interesante ni inteligente, pero tiene potencial. Yo no tengo miedo de ir donde las ovejas, los niños bonitos, y decirles sus verdades en su cara, que su vida es una tontería y que ser tan superficiales es una estupidez, pero ante aquel prospecto el tiembla, como un animal asustado su personalidad se esconde debajo de la cama, lo que sale es algo irreconocible.

Me siento celoso de él a veces, porque el puede estar alrededor de mujeres sin preocuparse pensando si en sus cabezas lo insulta, si detestan su forma de hablar o de vestir, si les aborrece su forma de ser. Pero otras veces, como hoy, me identifico con él, me identifico con un chico plástico que juré odiar, él usa una máscara como yo, y como yo la usa para mezclarse en el grupo. Pero la suya es más complicada y simple a la vez, complicada ya que la usa en todo momento, y simple por el hecho que la usa para tener sus estupidos amigos de plástico, para andar con esos juguetes.

Yo uso mi mascara con desconocidos o en grupos grandes, él lo usa con su gente cercana. Tiene miedo de que pasara si descubren que no siempre piensa en mujeres, fiestas y dinero, ha visto como me ven a mí y teme que le suceda lo mismo. Teme que lo discriminen, así que se pone sus mejores ropas, su mascara que cubre su rostro entero, hasta sus ojos, y sale a la calle.

Sale como un lobo disfrazado de oveja.

viernes, 3 de julio de 2009

¡Yo soy de Colombia!


Atrapado con la cara contra la ventana del carro, con la mirada perdida en algún punto del espacio, me encontraba divagando. Me dirigía a mi casa luego de haber estado en la universidad, con música en mis oidos. Pudé notar que un niño subía al vehículo, pidiendo limosna, vendiendo sus dulces.
Nadie le dió nada.

Yo no lo hice por falta de dinero, y apuesto a que muchos otros usaron la misma excusa. Este hecho no es por nada remarcable, menos para una entrada en blog. Los hechos que le sucedierone en cambió, sí. Un hombre de polera negra y jeans azules entró, tenía todos los ragos del peruano promedio y un par de tatuajes en su muñeca izquierda. De esta colgaban unas pulseras de diferentes colores. Para ese momento yo estaba inmerso en unos ejercicios que intentaba resolver mientras el carro golpeaba baches una y otra vez, hasta algo que dijó el hombre me hizó levantar la cabeza.

"Yo soy de Colombia"

Dejé de hacer mis cosas por curiosidad, una hojeada al sujeto y podías saber que mentía. Luego pasó a contar una triste historia de como había estado en la carcel aquí, como la embajada colombiana se demoraba en darle un pasaporte, de como tenía que haber pasado dos semanas yendo de iglesia a iglesia para dormir allí, y de como lo único que quería era dinero para comprar una bolsa de dulces para poder trabajar.

Pero en su discurso algo se repetía: "Yo soy de Colombia". No dejaba de decirlo, lo hacía con una pasión y un acento tan esforzado que era patetico realmente. Sacudí mi cabeza; definitivamente si mis compatriotas habían podido ignorar a un niño podrían ignorar a un disque turista extraviado, ¿no?. Pues la verdad no.

Uno a uno, más del 80 por ciento del auto, empezarón a darle dinero. El hombre decía gracias y Dios te acompañe, pero las personas parecían inmersas en un sueño estúpido, ayudar a un turista, nos necesita.

¿Tan pateticos somos como país, como personas, que podemos mandar al diablo a un niño pero cuando escuchamos la triste historia de un supuesto extranjero? ¿Qué dice eso de nosotros? ¿Somos como aquel viejo dicho? Con nosotros somos atorrantes, desinteresados y agresivos, pero cuando viene alguién de otro lugar sonreímos, nos ponemos nuestras mejores ropas y somos cordiales. ¿Pasa lo mismo en los hogares? ¿Insultamos a nuestros padres y madres pero con nuestros amigos somos sonrisas y bromas? ¿Tan bajo hemos caído?

¿Qué se puede esperar de nosotros entonces? Pronto cuando veamos un robo voltearemos la cabeza, fingiendo ignorancia. ¿Que significa otra persona maltratada?

No nos ayudaremos, e insultaremos y criticaremos a los que lo hagan. A excepción que se usan aquellas palabras mágicas.

¡Soy de Colombia!