lunes, 24 de agosto de 2009

Confianza


-¿Tienes una vida oculta, verdad?

Me encontraba en la universidad, frente a un salón donde una conocida tendría pronto su clase. Nos encontrábamos conversando, intentando pasar el rato, faltaban veinte minutos para que llegue su profesor y tres horas para que empiece mi siguiente curso. Acababa de informarle a la chica que luego de que ella se metiera yo tenía cosas que hacer a unas dos o tres cuadras de la universidad, y ante su insistencia de saber que era lo que tenía que hacer, a lo que yo solo respondía con “cosas”, me soltó aquella frase.

Realmente, y sin vacilar a la hora de decirlo, no le tengo confianza a las personas a mi alrededor. Solo comparto lo que creo puede ser compartido, pero nunca he ido a derramar mis dudas y entrañas a una persona, a pesar de que la conozca casi diez años, como era en este caso.

Ella sabe que mis padres están divorciados, lo deje en claro cuando una de sus amigas me preguntó eso cuando nos encontrábamos caminando por la calle, pese a que estoy seguro ella ya sabía esto desde antes. Pero realmente no creo que fuera de su incumbencia saber que quería ir a echarle un ojo a mi padre, que vive ahora a unas cuadras de mi universidad, ya que me pareció estaba un poco mal por teléfono.

Pero su pregunta me dejó pensando: ¿El no tener confianza con ellos, el hecho que no comparto grandes trozos de mi vida con las personas cercanas a mí me hace “tener una vida oculta”? Mi hermano nunca le ha confesado a sus amistades que mis padres están divorciados, estoy bastante seguro que de todas las personas que él conoce, alrededor de 50, solo uno sabe que mi padre ya no vive con nosotros, y esta persona solo esta seguro de este hecho ya que yo lo confirmé cuando vino a mí con esta duda.

Me han dicho varias veces, aún más durante las dos ultimas semanas, que soy una persona muy cerrada, y que eso impide que pueda formar lazos con la gente alrededor mío. Quiero decir que estoy en desacuerdo con eso, amo a mi familia y no hay nada que no haría por ellos, y a los que se consideran mis amigos los tengo en alta estima, es probable que no lo diga a menudo, y que nunca me refiera a ellos como “amigos” ni confié mucho en ellos…pero eso no impide que los tenga en alta estima, después de mi circulo familiar, vendrían a representar una gran parte de mi vida.

En definitiva no creo que confianza iguale a lazos personales…creo que es posible que una persona pueda relacionarse con otras aún sin una confianza total, o absoluta.

O tal vez no…quién sabe, lo único que yo sé es que funciona para mí.

¿Qué opinan ustedes?
Nota:
Escribo todo esto probablemente por que encontré un comentario en un blog sobre como gente escribe de cosas que ya no son lo que eran antes. En resumen, el autor del blog había escrito sobre sus experiencias con el alcohol, las drogas y el cigarro, y el comentario decía que esas cosas ya son “normales” hoy en día, y que el autor no debería creerse la gran cosa por haber cometido tales actos.

Pero, sí vivimos en un mundo en que es normal las drogas, poco me puede interesar si la gente toma o fuma realmente, entonces ¿en que clase de mundo vivimos? No podría definirme como una persona que creé deberíamos vivir siendo altamente moralistas, pero hay cosas que simplemente no me llaman la atención…o que me parecen malas a decir verdad. Al principio me parecía genial que viviéramos en una cultura donde cada persona tenga la oportunidad de expresar sus ideas y pensamientos, así es como siempre vi los blogs, pero también ahora tenemos que estar preparados para las criticas de las personas en tu propio espacio…casi es lo mismo a que alguien vaya específicamente a tu casa, te escuché hablar por minutos para simplemente insultarte al final. El mundo, y las personas, están hechos de opiniones, pero no creo que estas necesariamente tengan que ser negativas.

sábado, 15 de agosto de 2009

¿El efecto Clark Kent?


Odio mis lentes.

Y es que de por sí soy un perdedor total: leo, y pago grandes cantidades de dinero por, comics; coleccionaba hasta hace poco cartas y de vez en cuando veo dibujos animados…y películas de disney.

Sí a eso le sumas mis creencias de la edad prehistórica, por las cuales no fumo ni tomo, el hecho que no me gusta bailar y físicamente parezco uno de los muñecos que aparecen al final de jugar Ahorcado, además que de cuando se trata de hablarle a chicas bonitas soy totalmente torpe, obtienes al rey de los perdedores.

Pero todo eso es soportable, la mayor parte del tiempo.

Pero no cuando tengo los lentes puestos.

Por alguna extraña razón, la mayoría de cosas malas que me pasan suceden cuando tengo puestos los lentes, por lo cual trato de pasar la mayor parte del tiempo sin ellos, a pesar que esto acabe conmigo teniendo que esforzar la vista cuando voy a cualquier lado, pero honestamente, las cosas son sacadas del mismo infierno.

Una vez me encontraba en la universidad, tranquilo en mi esquina leyendo un libro cuando una chica se acerca y se sienta en el suelo, delante de mí. Lovecraft y sus pesadillas me tenían envuelto por completo, por lo cual no presté mucha atención a la chica…solo lo suficiente para identificarla, estudiábamos en el mismo salón, y era realmente preciosa: rubia, ojos de color verdosos y una forma de vestir que simplemente me llamaba poderosamente la atención, pero eso no importaba, solo esperábamos que la profesora llegara y yo seguía envuelto en mi lectura…hasta que ella me habló.

-“¿Qué lees?”- Y con eso se movió más cerca de mí, con una mirada extraña en su rostro.

La chica nunca me había prestado atención hasta ese momento y ahora estábamos cara a cara, ella esperando mi respuesta. Me sentí frío, mi garganta se atascó y me sentí ruborizar…pero logré tranquilizarme y dar una respuesta.

“Ehh…umm...-Balbuceos- Zapato”

Sí, contesté con “zapato”…silencio incomodo.

Nuestra profesora llegó y la chica se fue, por lo cual quise esconder mi cabeza en el suelo como un avestruz.

En otra ocasión me encontraba caminando por la universidad, cuando noté que en una esquina el hombre de limpieza había puesto varías sillas y carpetas una encima de otras, de forma bastante inestable a decir verdad, cuando de repente escucho que alguien dice mi nombre. Volteo y puedo ver a una chica que conocí en clases saludándome, esta con sus amistades, y realmente no me gusta ser el chico nuevo en grupos grandes, así que la salude a la distancia mientras seguía mi caminata.

De repente, choqué contra la torre de sillas y todas cayeron al suelo, atrayendo la atención de varias personas alrededor, pude ver como mi conocida y sus amigos se reían.

En una ocasión me encontraba en la biblioteca de la universidad, cuando de repente me choco con una chica y mi mochila se cae al suelo. Cabe resaltar que justo acababa de comprar unos comics de Batman y Spider-Man y mi mochila estaba abierta, por lo cual terminaron regados por el suelo. Como todas, la biblioteca es un lugar silencioso, por lo cual el incidente atrajo la mirada de la mayoría de las personas del lugar. Pude ver las miradas confundidas y divertidas de la mayoría de las personas allí, así que solo arreglé mis lentes, agarré mis cosas y huí del lugar.

Los lentes por alguna razón me convierten en un estereotipo andante…entre sus otros poderes también están hacerme un anillo de magnetismo para que gente se tropiece conmigo, una chica salió de una tienda y me dio un cabezazo en los labios…a veces uno odia ser alto, hacer que la gente me pregunté cosas sobre matemáticas y lograr que mis conocidos recuerden las situaciones mas embarazosas en las que me he encontrado.

“Si tu fueras un superhéroe, serias Superman... pero todo el día andarías como Clark Kent.”

Oh Notrya, no sabes cuanta razón tienes…

Realmente odio mis lentes.

sábado, 8 de agosto de 2009

¿Limpiando las calles?


“Escuché un ruido en la lavandería”

“¿Qué?”- dije medio dormido, mi perro levantó su cabeza antes de volver a echarse a continuar con sus ronquidos.

Mi hermano se hallaba frente mío, la puerta del cuarto a medio abrir y mirada desafiante en su rostro. Estaba jodido.

“Vamos, escuché algo” Y desapareció entre las sombras, como buen macho alfa empezó a prender las luces de nuestra sala, cocina, hasta llegar a la lavandería.
Yo en pijama y mi perro tambaleándose como borracho detrás de él, en una fila india que demostraba la pobre defensa que posee nuestro hogar: Un dizque adulto lleno de ego, y grasa; un pacifista que realmente prefiere conversar las cosas antes de ir a los golpes, me gusta no tener moretones en el cuerpo; y un perro que ladra como llora, con sonidos que aún no logró descifrar como no son la vergüenza de mi cuádruple escudero.

Llegamos al frente de la puerta que da a la biblioteca, fuente de aquellos sonidos raros que mi hermano juraba escuchar. Alzó su arma, un pedazo de madera con una de las puntas en forma de mano, usada para rascar la espalda. Miré a mí alrededor, mi hermano con su seudo arma y mi perro durmiendo en el piso, inconscientes a los peligros de la noche.

“¿No deberías levantar a la familia? ¿O llamar al vigilante…o algo?” Pregunté inocentemente, el aire helado de la noche me engullía, pero sabía que no era esa la razón por la cual temblaba. ¿De verdad había alguien allí? ¿Qué pasaría si en realidad un asaltante había entrado a mi domicilio? En cámara lenta pude ver como iría la pelea: Mi hermano, sorprendido de tener la razón respecto a los sonidos blandiría su arma, el intruso se movería con movimientos felinos y calculados, derrotando a mi hermano en breves segundos, luego pasaría a mí, y pese a mis mejores esfuerzos me dejaría hecho polvo…para luego pasar al costado del perro, que seguiría durmiendo inocente a los acontecimientos.

Mi hermano me dirigió una mirada sucia antes de preguntarme si era un hombre, moví levemente la cabeza de arriba a abajo, con lo cual me dio la espalda para continuar en su odisea. Pero algo lo detuvo, solté el aire que no me había dado cuenta estaba reteniendo, se volteó a mí y se dirigió a mi cocina…y agarró un cuchillo.

La puerta hizo su crujido característico al abrirse, mi corazón latía a mil por hora mientras mi mente no dejaba de inundarse con posibilidades de horror y sufrimiento que podría inundar mi hogar, maldije no haber avisado a mi madre de trancar la puerta en caso que mi hermano estuviera en lo cierto. Realmente no pasó por mi mente intentar quitarle el cuchillo de sus manos, era algo impulsivo, estúpido y probablemente suicida, pero creo le daba a él un sentimiento de seguridad en el ambiente que nos rodeaba.

Encendió la luz y observó cada centímetro de la biblioteca, cuchillo alzado en el aire listo para el ataque, pero no había nadie allí. Sigilosamente se acercó al baño del cuarto y se aventuró en las sombras, la luz se encendió y pude ver que se encontraba solo. Falsa alarma.
Caminó de vuelta a la cocina para dejar el cuchillo en su lugar, ya había pasado el miedo y ahora me encontraba en capacidad de analizar lo sucedido. ¿Qué hubiera pasado si en realidad había un ladrón ahí? ¿Qué hubiera sucedido si mi hermano hubiera asesinado al ladrón?

Vi los músculos de su cara contraídos, cejas tan ceñida que parecían volverse una sola, decepción en sus ojos…me pregunté por qué. Pero antes que cualquiera que mis dudas pudiera tocarse mi hermano decidió hablar:

“Puta, si había un choro yo lo mataba”

“¿No crees que eso es un poco exagerado?”

“¿Tú que hubieras hecho? Decir: "¿Señor ratero se puede ir de mi casa?”
"Hay un punto medio entre ser cojudo y ser un posible asesino"
"¿Si? ¿Qué es lo correcto que hacer entonces?"

“Trancar la puerta y llamar a la policía”

Silencio incomodo, sus labios se apretaron mientras su puño se volvía más retraído, sé que este es un tema sensible, mi familia, me excluyó, ha sido victima de robos, secuestros y golpizas, así que el odio que mi hermano siente hacía los criminales podría considerarse de aceptable.

“¿Para que lo dejen libre? Deberían matar a todos los choros, quemarlos o algo. Son unos miserables que no sirven para nada…siempre roban y robaran.” Me observó por un segundo, debe haber visto mi incomodidad ante una discusión sobre si tomar una vida humana es o no correcto, ya que se tranquilizó un poco, solo para luego añadir “No me jodas, te roban algo que te costó a ti, se quiere coger mis cosas, debería poder matarlo”

Mi incomodidad fue reemplazada por un sentimiento de cólera tremendo hacía el ser humano delante de mí, yo y él siempre hemos disentido en mucho, él creé que uno debe hacer dinero como sea, pisotear a gente y corromper el sistema es aceptable, mientras yo creo que el dinero no es lo más importante, si no crecer como persona e intentar ayudar a los demás. Pero ahora mi cólera no tenía nada que ver con ideologías sobre la vida humana, si no sobre el valor material sobre humanidad: ¿Consideraba él más los objetos materiales de la casa que otra cosa? En todo su discurso no reparó en decir que un posible ladrón podría dañar a nuestra familia, todo era acerca de robos y pérdida de dinero.

En algún momento regresamos a mi cuarto, el echado en la cama mientras seguía maldiciendo a los malhechores. Yo me detuve frente a él para explicarle el por qué me molestaba su discurso, hablaba de asesinar ladrones comunes pero en ningún momento se detenía a decir algo acerca de los asesinos, pederastas, violadores y demás. Sobré como el hecho que a él le hayan robado hace dos años su celular, aquél que pagó con su primer sueldo y ahorros de casi medio año, todavía le dolía en el interior. Pasé a decirle que su punto de vista era errado, que todos merecen una segunda oportunidad en la vida, y que me negaba a aceptar el hecho que una persona que lleva una mala forma de vida jamás podría cambiar, que los humanos somos capaces de lograr una buena vida, y que todos podemos regresar a una buena vida con la guía adecuada.

“¿Qué harías si estas bajando del carro y un ladrón te arranca la mochila, donde esta tu celular y billetera, el tipo se tropieza y termina golpeándose el cráneo contra el pavimento? Tú te acercas y lo ves sangrando, a tu lado hay una piedra. ¿Qué harías?”

Me quedé callado…me hubiera encantado decir que podría tragarme mi orgullo y anteponer mis morales y respeto a la vida ante mis sentimientos en aquél momento hipotético, pero soy una persona en crecimiento, y debía ser honesto.

“Agarraría mis cosas y…llamaría a la ambulancia o lo dejaría ahí tirado, que él se las arreglé” No podía verlo a la cara, me sentía mal. ¿Dónde quedaba el anteponer al otro frente a mí mismo? ¿Cómo podía defender un ideal si sabía que en el momento de la verdad, donde se apostaría el todo por el todo, lo traicionaría?

Otro silencio engulló la conversación mientras mi perro, vago como siempre, pedía ser subido a la cama, y continuó con sus horas de sueño. Mi hermano me observó atentamente a los ojos, sus rasgos volvieron a endurecerse antes de escupir otra pregunta.

“¿En serio?”

Lo observé detenidamente esta vez…recordé el detalle de la piedra en el escenario imaginario. Seguro no esperaba que yo…

“¡No hubiera golpeado a una persona en la cabeza con una roca hasta la muerte!” Dije con más emoción de la que probablemente debería, pero indignación empezó a bombear mis venas. Mi hermano me explico que él si “mataría al choro miserable” mientras con sus manos imitaba como agarraría la cabeza del malhechor y lo golpearía con la roca repetidas veces. El continuó con sus delirios, diciendo que deberían matar a todos los ladrones, salir a las calles a matarlos a todos, “Como esas historias estúpidas que lees en tus comics” soltó como ultima frase antes de ver que diría al respecto.

Lo agarré del cuello antes de explicar que estaba enfermo, y que necesitaba ayuda. Él respondió con un “A ti nunca te han robado” que me hizo soltarlo, ¿podía hablar del tema sin nunca haberlo experimentado?

Rápidamente me recuperé, y expliqué que nadie tiene el derecho de quitar una vida. Absolutamente nadie. Él respondió con un “Deberían limpiar las calles de la basura que la puebla” ante lo cual me paré y callé con la mirada.

“Lo mismo podría decirse de los corruptos, o de aquellos que creen que el dinero puede comprar todo, aquellos que no piensan en los daños colaterales o en las victimas de sus actos” Hizo un movimiento indicando que quería hablar pero lo ignoré rápidamente “Ellos hacen un daño tremendo, también deberían matarlos a ellos, ¿no? Pero tú dices que defender a los corruptos esta bien, te sueltan dinero, entonces ¿También deberían matarte a ti, no? ¿Por qué no matamos a todos los que nos parecen malos? Ya sean ladrones, violadores, pedofilos, corruptos, drogadictos, enfermos mentales, personas con sida, con síndrome de down, ¿por qué no matar a todos ellos? Algunos pueden discutirte que ellos también traen la sociedad a menos, así que, ¿Por qué no deshacernos de ellos también? Por que no puedes meter a todos en la misma bolsa, ¿verdad? Pues lo mismo se aplica en el caso de los criminales, por eso es que nadie puede tomar una vida…por que al hacerlo le niegas la capacidad de redención a una persona, tal vez algunos nunca intenten cambiar, pero hay uno en el grupo que tiene esa capacidad…y creo que pelear para que esa persona sea mejor vale la pena”

Gané una mirada aburrida de mi hermano antes que me diga que era un idiota iluso, que la gente nunca cambiara y que limpiar las calles es lo mejor, yo solo respondí que ayudar a las personas era lo mejor, por que escuchar un “Gracias” sincero de alguien era lo mejor que podría sucederte en la vida.

“Serás un pésimo abogado” Fueron sus ultimas palabras antes de darme la espalda y ponerse a dormir.

Me quedé por minutos reflexionando en lo sucedido, y en las opciones que tenía la sociedad. ¿Deberíamos pelear por un mundo mejor en base a la reflexión y ayuda entre nosotros o simplemente rendirnos al salvajismo y actuar por la fuerza? ¿Debería haber un sistema de “limpieza” que se encargué de matar a todos los criminales en las calles?
Tal vez algunos piensen que sí, pero solo pido que pensemos que entre la multitud de delincuentes que azotan las calles del mundo día a día existe uno que lo hace por que no tiene oportunidad de algo mejor…y que si ayudamos a ese uno estamos probando que podemos liderar por el ejemplo y no por la fuerza.

Por que dando el ejemplo podemos ayudar al mundo, y si creer eso me hace un cojudo, como me repitió mi hermano tantas veces esa noche, inocente e idealista solo tengo una cosa que decir:

“Estoy orgulloso de ser cojudo”

sábado, 1 de agosto de 2009

El artista detrás de la obra


Hoy fue un día de sorpresas.

Me vi a mi mismo rompiendo una antigua sorpresa, me vi reflexionar sobre la sociedad y caminé como chasqui.

Ese adjetivo es por parte de mi hermano, desde que empecé a trabajar he agarrado gusto a caminar largos trechos por horas, algo que en esta época podría tildarse de innecesario cuando se trata de medio de transporte, en la época digital y de automóviles muchos olvidan que las piernas están para más que caminar a la cochera o paradero.

Hoy tuve que dirigirme a una de las partes, según mi opinión, más privilegiadas de la capital, había quedado encontrarme frente al hotel Los Delfines con una persona para concretar el pago de un negocio, en la puerta del Starbucks que queda frente al hotel. Intenté convencer a la persona que podríamos encontrarnos en otro lugar, pero él se entercó y yo era el que cobraría, ergo, asistí al punto de reunión.

Mi incomodidad para asistir al lugar pactado no era cosa de tomarse a la ligera, como he comentado antes me disgusta la gente plástica y siempre creí que Starbucks es un gasto estrafalario y gusto de ricos, un lugar hecho para los niños bonitos que creen que por gastar el cuádruple de precio en una taza de café son algo más. Tal vez no sea así, tal vez en otros lados el gasto no sea tan exagerado como en este pequeño lugar que parece Dios olvidó, pero en un país tercer mundista y muerto de hambre como en el que vivo me ha llamado la atención, y molestado también, lo admito, el hecho que gente este dispuesta a pagar 15 soles por un café…considerando que en cualquier otro lado esta tres.

Tal vez sea debido a la alienación del modo de vida de la gente de USA (¡América es un continente, no un país maldita sea!) No basta con bombardearnos con sus películas, series de televisión y productos…ahora también con su forma de vida.

Sentado, esperando que aparezca la persona con la que me tenía que encontrar, me encontraba observando continuamente mi reloj. El lugar era impecable, cerca al mar, casas inmensas y con piscinas, me sentía fuera de lugar. Yo, vestido con un polo plomo semi nuevo, casaca negra antigua y zapatos llenos de polvo de caminar, en medio del festival de tranquilidad y trajes con corbata, y vestidos reveladores que dudo sean cómodos en invierno. Mujeres tomando placidamente sus bebidas coqueteando con las personas a su alrededor, yo parado con los brazos cruzados esperando…

Cinco minutos, diez minutos, quince. Estaba a punto de largarme, no soportaba las miradas desaprobatorias de la gente, ni el hecho que un guardia de seguridad me haya preguntado si me había perdido, cuando llegó él. Vestido con ropa de marca y acento marcado, daba ganas de golpearlo en la cara inmediatamente. Me contuve, y lo recibí placidamente, negocios son negocios, y pesé a todas mis reservas acerca de este tipo de gente, cuando se esta en tratos con casi desconocidos y hay dinero de por medio es mejor ponerse la mascara de amabilidad, no importa que tan pesada y mugrienta sea, no importa que te deje luego con manchas en el alma y con un sentimiento de asco que luego te das cuenta solo esta en tu cabeza.

“Aquí tienes, 45 soles, como acordamos”
“Este es un billete de 50”
“¿No tienes vuelto?”
“No…”
“Mmm…en Starbucks deben cambiar, vamos”

Y entró, con mi billete en su mano, al castillo que esperaba tragarse mis palabras y moral. Me quedé estático por segundos que, usando un cliché explotado hasta la saciedad, parecieron horas. Tragué saliva, debía entrar, había esperado días para este pago y el dragón de la alienación no iba a derrotarme, no iba a dejar que la llamarada de los niños bonitos me alejará de mi misión. Así que entré.

El ambiente lo sentía frío, casi asfixiante. No quería, ni pertenecía, estar en ese lugar. Vi como el chico cambiaba el billete y volteaba a darme mi vuelto, el olor a café se sentía en todas las esquinas del lugar, música que asumo será relajante sonaba en el trasfondo. Cogí mi moneda rápidamente y salí a paso apresurado del lugar.

Mientras caminaba hacía el paradero me puse a apreciar más el lugar en el que me encontraba. Áreas verdes muy bien cuidadas, gente conversando en la calle cordialmente, autos nuevos y de últimos modelos desfilando por la autopista, toda una orgía de gastos innecesarios que parecían juntarse para producir el efecto “adinerado”, aquel que vuelve celoso a los de otra condición social y orgulloso a los pocos que pertenecen a esta.

Edificios sin ninguna imperfección aparente, hasta parecía que los diseñadores se habían puesto de acuerdo a la hora de construir las casas, ninguna descolocaba. Ni hablar sobre las pocas mujeres del lugar, parecían un catalogo de tienda comercial, ninguna parte de su atuendo sobraba o desencajaba, sin importar que estrafalario pareciese, en su habitad, funcionaba.

Tomé mi carro y me bajé lejos de mi destino, quería caminar. Quería sentir que mi cuerpo se vitalizaba y que la música que siempre me acompañaba revitalizara mi alma, esos pequeños minutos en aquella zona habían intentado tentar a mi perturbada mente, me sorprendí pensando por momentos en una casa en aquel lugar, teniendo hijos a los que no querer y solo dar dinero como sustito, viviendo tras una cerca blanca con una esposa trofeo que nunca lograría comprender, en un mundo de fotos e imágenes sin vida detrás de ellas, sin alma ni corazón.

“Al demonio, caminare”

Empecé mi carrera por sitios lleno de tierra y pasto, este es mi sitio me repetía una y otra vez, manteniéndome pegado a la realidad de mi país puedo hacer el mayor bien, puedo concentrarme en los demás y lo que pasan, no en vivir en nubes preocupándome solo por mi mismo, los demás también deben ser tomados en cuenta.

Con esta idea continué mi trayecto, mi mente divagaba hacia los paisajes vistos hace minutos, como las cosas se veían en armonía… ¿era eso posible? ¿Y cual era el costo de tal efecto?

Antes de que pudiera detenerme a analizar donde me estaba metiendo me di con la sorpresa que me había metido a un callejón, también me di cuenta que me encontraba solo a la espalda del Pentagonito, un lugar que se encontraba entre la autopista y aquel lugar donde existen casas, si bien no tan extravagante como la de los hoteles, bien situadas y tan bien considerada una zona de buen vivir.

Continué mi caminata, tenía que seguir dos puentes más, la trayectoria sería la misma supuse. Pero mientras más me adentraba en las sombras, el sol se ocultaba rápidamente, la visión se volvía más cómicamente gótica, como si de un sueño húmedo de Tim Burton se tratara. Las luces no iluminaban este sector, estaba atrapado entre las espaldas sin ventanas de los edificios y una pared inmensa de concreto que me separaba de la autopista, lo único cercano a la civilización que parecía encontraría por ahora.

Maldije mi decisión mientras me seguía adentrando en el lugar, algo dentro de mí me impedía regresar y aceptar que había tomado una decisión estúpida, mientras el camino se hacía mas angosto y terminé con mis zapatillas llenas de tierra y polvo, más aún.

Llegué a un puente, pero la entrada a la escalera estaba rodeada por rejas, impidiendo el ingreso desde el lugar donde me encontraba, seguí adelante, pensando que en el momento oportuno podría pegarme hacía la pista, la pared inmensa de concreto me seguía separando de ella, y así guiarme mejor a mi destino. Me cuestione quién podría haber puesto esas rejas, me parecía innecesario, impedía mi acercamiento a la sociedad y me forzaba a permanecer en la oscuridad y anonimato…si me pasaba algo, ni ayuda podría pedir. Luego me enteré que por esta misma razón existían las cercas.

Pero, de pronto, ninguna divagación mental importó, por que fui abofeteado por una de las visiones más maravillosas de mi corta vida…tanto así que creí estar alucinando, en medio de toda la oscuridad y alejado del mundo, en medio de suciedad y vidrios rotos, paredes pintadas y demás, había un pequeño jardín. Lleno de flores de todos los colores, no sabría decir tipos por que jamás me intereso la botánica, pero la impresión que dejaba…en medio de la oscuridad había belleza, luz.

Empecé a caminar por el único camino disponible, con miedo de alterar tan curioso paisaje, noté como el cambio de aires me tranquilizaba, como me sentía mas seguro y tranquilo en aquel lugar. ¿Quién era responsable de tal curioso edén? ¿Y con qué fin se había construido?

De repente choqué contra una reja, más grande que las anteriores. Se mantenía sellada debido a diferentes cadenas, con tres espacios para tres diferentes llaves, a través de las rendijas podía ver la pista, el siguiente puente, mi boleto a mi hogar y civilización.

“No puedes irte por aquí, tienes que regresar y darte toda la vuelta”

Giré rápidamente y vi a un hombre de edad avanzada, alrededor de los 60, manos llenas de ampollas y rostro demacrado, aún así sonriente, como si todos los días alguien se acabara y perdiera rodeado de rosas. Así que él era el responsable del arcoiris en el suelo, quise preguntarle el por qué del jardín, por que perder el tiempo en algo que nadie verá ni podrá apreciar totalmente…solo aquellos que se atreven a viajar en las sombras y sin esperarlo encuentran este pequeño foco de belleza y luz.

En su lugar solo atine a preguntar si podía abrirme la puerta, con un intento de sonrisa que asumo me habrá hecho ver como un pez fuera del agua, lo cual admito, retrataba muy bien mi situación actual.

“No tengo llaves, el jefe no me da”

Lo dijo sonriendo, pero algo en sus ojos me decía que no se sentía cómodo con aquella verdad. Vi detrás de él y pude ver una suerte de cabaña, un pequeño lugar que me hizo arquear una ceja ante el prospecto de una persona viviendo ahí. Mis ojos se dirigieron a donde el señor había señalado cuando mencionó a su jefe, y noté una pequeña ventana que daba a un balcón en medio de una pared blanca e impersonal.

Desde el balcón se podría apreciar el jardín completamente, formando una orgía de colores y esencias que debería verse glorioso en las tardes y mañanas….todo era visible, exceptuando la pequeña cabaña, que debido a su posición, pasaba desapercibido desde el balcón. Solo se admiraba la obra, más bien no hay artista detrás de ella…

“Por la misma mierda…”

¿Una persona pagaba por eso? ¿Pagaba para que una persona cuidara un jardín que solo él podría ver? ¿Podía una persona ser capaz de gastar dinero en algo tan superfluo e innecesario? Dirigí otra mirada rápida hacía el pequeño lugar donde, luego recibí confirmación, aquél jardinero dormía y vivía. En medio de un callejón. Solo.

Apreté mis dedos contra mi palma. ¿Podía gastar Dios sabe cuanto en un maldito jardín para sus ojos únicamente pero no en mejores condiciones para el hombre que hacía todo posible? Y lo mantenía alejado y recluido de todos, igual que el jardín. Lo bueno debe ser engullido por las sombras, nadie puede saber de su existencia.

El jardín dejo de parecerme bello y único en ese instante. Se volvió en un trofeo de la riqueza, algo solo nacido por el capricho de un hombre rico o una mujer sin nada que hacer. ¿Acaso la inhumanidad llegaba a tanto? ¿Tener cosas solo por apreciación, despreciando a quienes lo hacen posible e intentando ignorarlos?

Regresé por el camino por el que había llegado, música fuerte contra mis oídos e interiorizando lo que había visto, más tarde, ya en una ruta más civilizada, observaba los parques tan bien cuidados y la gente pasando por allí.

¿Alguno de ellos se detenía a pensar en la gente que hace posible lo que uno ve…o logra? La situación me hizo pensar en mis padres y profesores del colegio…¿alguna vez les agradecí realmente todo lo que hicieron por mí? ¿O solo pensé que de alguna forma era su obligación? ¿Apreciamos, o siquiera pensamos, en aquellas personas que hacen posible nuestro modo de vida? ¿O vivimos tan absortos en nuestros logros y victorias que dejamos de lado a aquellos que nos ayudaron a llegar a tal punto en nuestras vidas? Yo por mi parte intentaré agradecer y tratar con más cuidado las cosas, alguien trabajo por ellas…debe agradecerse y respetarse.

Eso creo yo.