jueves, 17 de diciembre de 2009

(Creo que) He vuelto


Leyendo articulos diversos me encontré con una carta escrita por Julio Cesar para su amigo Marco Tulio Cicerón, respecto al genero humano e idealismo:

"Mi querido Marco. A pesar de tu experiencia, serás toda tu vida un hombre ingenuo y virtuoso. ¡Qué desgraciado debes sentirte cuando trates de reconciliar tu concepto de la virtud con lo que tu inteligencia te dice acerca de la humanidad! Es como tratar de mezclar el fuego y el agua. Lo que sabes y lo que anhelas no son más que fatales e irreconciliables rasgos de tu temperamento. Los hombres como tú estan condenados al dolor y la desesperación, porque se niegan a aceptar la realidad de que la mayoría de los hombres miran al mundo como si fuera un dominio particular suyo y todos sus habitantes su presa; ¡y tú crees que por la meditación los hombres pueden llegar a ser mejores y más nobles que lo que la naturaleza ha dispuesto! Es mejor aceptar a los hombres tal como son que soñar con que pueden convertirse en dioses. Con tus ideas sólo puedes sembrar la confusión entre el género humano. Yo satisfago a los hombres, porque como los conozco, no les pido imposibles"

Cuando leí ese texto, sentí como si las palabras de Julio Cesar estuvieran dirigidas directamente a mi persona. Esto no quiere decir que tengo un ego tan inflado que creo acercarme a Cicerón, aquel abogado idealista y cosmopolita (entendido desde el punto de vista de Kwame Anthony Appiah) de Roma, sino más bien que siempre he considerado que el genero humano es capaz de grandes cosas si tan solo se esfuerza en lograrlas. Por grandes cosas no me refiero a murallas o sistemas económicos...me refiero a la grandeza de espíritu, a la empatía, a la bondad.

Pese a esto, ultimamente me he sentido cambiado. He sentido cada vez más y más que tal vez siempre estuve equivocado, que tal vez lo que mi hermano y el resto de las personas siempre predicaron fue lo correcto, tal vez el hombre es cruel por naturaleza, hipocrita, y la bondad es solo una ilusión creada para controlar a las personas y así la sociedad no se caiga en pedazos.

Tal vez sea porque me he cruzado con muchos casos de hipocresia ultimamente, tal vez sea porque me he desengañado de personas ahora ultimo...lo más probable es que al ver a un espejo, yo también veo a un hipocrita. Puedo escribir cosas sobre la bondad y el espíritu humano en este blog, pero muchas veces, al andar con mis amistades, estos temas no se forman en mi mente, y por alguna razón regreso a ser un chico inmaduro, tonto y no interesante.

Pero, creo que, esta etapa ya terminó. Tal vez por destino o suerte me crucé con un texto llamado "Identidad y Violencia" de Amartya Sen, donde se explica que cada individuo posee diferentes rasgos de identidad, y que dependiendo de las personas con las que se rodea, estos retazos toman prioridad. Esto no quiere decir hipocresia, sino que somos tan complejos que al interactuar con otras personas, que a su veces tambien son complejas, debemos simplificarnos.

Ahora que aparté este pensamiento de que yo soy un hipocrita por no poder ser siempre serio, quisiera hablar sobre la carta de Julio Cesar...y sobre el ser humano.

La suposición de que los individuos son sumamente egoístas parece ser "natural" para muchos. Esto se ve con un argumento- supuestamente demoledor- que podemos encontrar muy seguido. "Si no te beneficiara, ¿por qué habrías escogido hacer lo que hiciste?" Supuestamente, si algo no nos beneficia de alguna forma, no lo hacemos. Este escepticismo de sabelotodo convierte en enormes idiotas a Mahatma Gandhi, Martin Luther King Jr, la Madre Teresa y Nelson Mandela, y en idiotas más pequeños al resto de nosotros.

Tal vez Cicerón no respondió a la carta de César porque ya era viejo, y mientras en su juventud siempre habia sido idealista, llegando así a decir que valía la pena estudiar leyes ya que existía la capacidad de defender a una persona justa y honrada (algo que yo siempre le digo a mi hermano y demás...y lo he dicho desde mucho antes de leer a Cicerón) durante su periodo de anciano se decantó de nuestra pobre raza, volviendose poco a poco en aquellos viejos que ya no creen en los seres humanos, convirtiendose en lo que odio de jovén.

Tal vez ese es el destino de los "inocentes y credulos", de los "idealistas", pero por ahora, y espero creer así siempre, yo creo en la bondad de los hombres. Confió en mis amigos y en mi familia. No creo que el pueblo tenga una especie de divinidad que los haga inmediatamente merecedores de todos los favores que se le puedan hacer, pero si creo que si una persona cae, debemos hacer todo lo posible para hacer que se levante. Aborrezco el hecho que los jefes de Estado se interesen en gobernar para unos pocos en vez que para todos, desconfió de las emociones vehementes e incontroladas, que toman su impulso, no de la razón, sino de la malicia y confusión. Si el hombre no quiere ser un animal debe obeder las leyes justas establecidas por hombres honrados y con morales, y no las leyes caprichosas de los tiranos. Las leyes destinadas a las necesidades de unos pocos no tienen nada de leyes.

Odio la inmoralidad y la injusticia, pese a que todos sufrimos de esta, la detesto más cuando es consecuencia de una persona buscando benefecios personales sin importarle lo que pueda sucederles a terceros, aquellos que saben que actuan mal pero no les importa. Detesto que se ignoren las leyes. Si los hombre ignoran las leyes es porque individuos venales y despreciables hacen caso omiso de ellas y las embaucan, las ridiculizan y se aprovechan de las mismas. Los hombres pueden arrojar cieno sobre las blancas vestiduras de la Justicia, pero no pueden derribarla ni apartarla del lugar que le corresponde.


Detesto los sobornos, ya que creo que aquél que los acepta tiene menos categoría que un perro, que por lo menos es leal y defiende a su amo. Mi mente se despedaza cuando me enteró de casos de familias que se odian (yo puedo tener mis problemas con mi hermano, pero pese a todo daría mi vida por él) ya que si las guerras entre naciones son algo horrible, la guerra entre hermanos no puede ser perdonada por los hombres ni por Dios.

No soy tonto, no creo que viva para ver reestablecida la justicia o la paz. Pero no quiero desistir. Acepto que el mal es algo universal, y que el hombre nace con este dentro. Es una tragedia. Todos los humanos son trágicos. Pero dentro de la tragedia hay nobleza. El hombre esta misteriosamente maldito; pero se levanta en medio de su tragedia y de esta maldición porque tiene el valor de oponerse al mal. La tentación más terrible es la de abandonar la lucha. Esto no nos lo deberíamos perdonar nunca.

Y no me perdonaré haber dudado, tal vez sea una batalla perdida, tal vez no se puede cambiar al mundo, pero se puede hacer el intento, se puede vivir de buena forma, sin hacer daño a nadie y ayudando al projimo a levantarse, y así es como se debe vivir.

Y espero nunca olvidar eso.

Posdata: Para los que pueda interesarles, 18 de diciembre es mi cumpleaños.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Mejor mal acompañado que solo...espera, ¿como era?


-Mejor solo que mal acompañado.

Ese fue el consejo que me dió una compañera cuando terminé de describir la naturaleza de las relaciones que mantengo con las personas más cercanas a mí. Aparentemente, según su opinión, debería desacerse de la mayoría de mis "amistades" ya que estas no me hacen ningún bien.

¡Ja!

El problema con esta "solución" que esta compañera me proporcionó, es que si hago esto...me quedo virtualmente sin personas con las que andar. Probablemente aún pueda mantener contacto con dos o tres...pero el resto puf, kaboom, finito. Y personalmente, puedo vivir con esto, con la disolución de una vida, disque, social, el problema es que no deseo hacerlo. La ultima vez que quise estar totalmente solo el tiro me salio por la culata y termine en las situaciones mas incomodas de mi existencia.

Además, tengo una dificultad para hacer nuevas amistades tremenda...en estos dos ultimos años solo he conocido a unas 10 o 12 personas...asi que, desacerme de mis amistades en este punto solo sería condenarme a una vida solitaria.

Claro, siempre podría dedicarme a leer todos los libros que me faltan, pero no creo que valdría la pena el cambio.

Supongo que para mi más vale estar mal acompañado que solo...

Solo digo.