miércoles, 8 de septiembre de 2010

Crónicas de mi muerte anunciada (por mi)


Tengo miedo de morir.

A veces pasa que uno se encuentra tirado en la cama, y sin razón aparente, la duda acerca de la mortalidad lo acecha. Posiblemente porque viste las noticias o porque alguien te hizo esa misma pregunta pero todos hemos pensado en este tema alguna vez.

Me puse a crear hipótesis de como iba a morir, que dirían en mi funeral y como reaccionaría la gente…infinidad de escenarios pasaron por mi mente, pero uno de ellos resaltó más que los otros.

¿Qué pasaría con el blog?

Me puse a pensar en que nunca podría despedirme de todos mis lectores, por escasos que estos sean, que nunca podría explicar la situación y la mayoría nunca sabría que me pasó, a lo mucho creerían que me cansé de postear y seguirían con sus vidas, como cualquier persona haría.

Pensé entonces en crear un post de despedida, solo por si acaso, o sino en darle la clave de la cuenta a alguna persona para que en el momento dado pudiera explicar lo que pasará. Lo peor de todo es que un gran defecto mío es que me obsesiono con algunas ideas, entonces no pude dejar de pensar en mi hipotética muerte durante días, lo cual llevaba a que los niveles de estrés en mi organismo subieran de forma alarmante.

Pero luego pensé que todo esto no tiene importancia, que debería vivir el día a día y relajarme más. Me tranquilicé y empecé a pensar en que tema podría tratar esta vez, y no se me ocurrió ninguno mejor que este.

A veces tiendo a ser sarcástico y hacer bromas respecto a algunos temas para intentar restarle importancia y poder afrontarlos mejor en su momento, así que intenté hacer lo mismo con este, tomarlo con humor. Es así que le pedí a 5 buenos amigos- incluyendo a Alejandra Catter, mi señorita enamorada- que escribieran un cuento corto en el que pusieran como creían que iba a morir y que pusieran unas palabras al final de su historia, y que tenían total libertad a la hora de crear sus hipótesis. No hice esto en un ataque de ego, sino como un experimento curioso. Ellos gustosos se abarcarón con la difícil tarea y presentaron sus escritos, que van desde comedia hasta terror, dejando ver sus maneras particulares en las que creen falleceré, o en algunos casos tan solo historias de ficción con este escritor como protagonista.

Sin más que decir les presentó los textos y sus autores, muchos de ellos bloggers, y espero que se entretengan tanto como yo en su momento.

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3-El día según Ale-drama

La avenida Caminos del Inca era un infierno. Los autos se movían a una velocidad de 2 kilómetros por hora y la gente estaba empezando a irritarse. Yo no llegue en carro a la cuadra 7, prefería ir por los techos. De todas maneras, todos aquellos con superpoderes llegaríamos de alguna manera inusual al velorio, solo los humanos comunes y corrientes irían en vehículos. Al llegar a la puerta, vi centenares de personas empujándose para poder entrar, nunca había visto tal mar de gente, ni en un concierto de rock de una de mis bandas favoritas. Sin embargo, la atmósfera del lugar no podía ser más distinta a la de un concierto. Cientos de personas llorando en los alrededores y ni mencionar como estaba el lugar donde estaba el féretro. Ale, Diego, Susie, Guevara, Isaac, Arturo se encontraban alrededor el ataúd y algunas personas más que no llegue a distinguir quienes eran. Ale no podía contener el llanto, veía dentro del ataúd como si no creyese lo que sus ojos estaban viendo. Susie trataba de consolarla, le decía que este no era el fin, que podíamos recuperarlo pero era inútil, todos lo sabíamos, no importa que hiciéramos esta vez, Jair Luján no regresaría.

Hace unos meses, Jair me había dado la noticia, gracias el retiro de algunos, logró el cargo de jefe de la brigada de seres con poderes de Lima. Había luchado bastante por el puesto y sin duda se lo merecía. Claro que en cierta parte ayudó que un componente radiactivo haya estado enterrado en el subsuelo de su casa y que, sin ninguna razón aparente (típico de comics), explosionara en su cumpleaños veinte afectando a todos los presentes. Poco tiempo, aquellos que estuvimos ahí notamos ciertas anormalidades en nuestro día a día, algunos podían ser invisibles, otros tener fuerza sobre humana, etc, por mi parte, se me había otorgado el poder de la premonición, sin duda nada atlético pero para algo servía. A Jair se le habían dado dos poderes, el de volar y el de poder mover cualquier objeto (y en verdad me refiero cualquier objeto, grande fue la sorpresa del rector de nuestra universidad cuando vio la facultad de Arquitectura fuera del campus, en plena vereda, a Jair nunca le gustó ese edificio). Claro que a todos nos dio un shock inicial, ¿poderes? ¿En serio? ¿Acaso estamos en una película? Pero Lujan siendo en el más informado en ese tema, tomo el liderazgo de nuestro pequeño grupo. Averiguamos sobre lo que había ocurrido, tratamos de encontrar si esto le había pasado a otras personas, después de mucho esfuerzo(y una página de internet muy bizarra) descubrimos que esto no solo nos había ocurrido a nosotros, existían seres como nosotros en todo el planeta y estaban organizados. Sin embargo, éramos los primeros de Lima, debido a esto la asociación nos pidió que mantuviéramos un perfil bajo, porque el Gobierno de nuestro país podría tomar represalias. Así que nada de demostraciones de fuerza, nada de eventos inexplicables ni cosas sobrenaturales. Pero Jair no estaba contento, ¿se nos había dado esta habilidad y la íbamos a desperdiciar? Así que Diego, Ale, Arturo, Susie, Isaac, Guevara y yo decidimos tratar de hacer algo bueno con los poderes. Obviamente no lograríamos salvar al mundo, pero la sociedad siempre podría necesitar de nuestra ayuda, sobre todo en una ciudad tan insegura como Lima. Todo marchaba bien, con el conjunto de poderes, ayudábamos a la policía y a otras instituciones (sin que estos supieran, claro está) a atrapar a los malos tipos, solucionar algunos problemas, ayudar a la gente, etc. Esto fue hasta el cumpleaños número veintitrés de Jair.

Andábamos todos reunidos en su casa como hace tres años. De pronto, funcionarios del Gobierno y agentes especializados entraron al apartamento y nos apresaron. Aparentemente, nuestras acciones no habían pasado inadvertidas por el Estado y tras meses de seguirnos la pista, decidieron tomar cartas en el asunto. Según lo que les escuche hablar, decían que éramos muy peligrosos para la ciudad y que era mejor ˝desaparecernos” antes que algo catastrófico pasara. Nos mantuvieron durante un tiempo en lo que era una especie de celda, pero mucho más segura, era prácticamente imposible escapar. Pero teníamos que hacer algo, no podíamos quedarnos ahí a esperar que se decidieran a aniquilarnos. Así que se nos ocurrió un plan para escapar pero tenía que ser ejecutado en la noche, cuando la mayoría del personal no laborara. Así que con los poderes de persuasión de Ale, los de fuerza de Diego, e invisibilidad de Guevara, nos fue sencillo llegar hasta la puerta. Cuando estábamos a punto de salir del recinto y subir a la van que nos trasladara, unos brazos cogieron a Ale y le impidieron subir. Tratamos de pelear pero debido a la cantidad de policías no pudimos hacer nada, se llevaron a Ale. A las pocas horas, nos llegó un sobre a la casa de Jair, donde nos habíamos refugiado. Nos pedían que entreguemos a Jair, que solo así dejarían libre a Ale y nos dejarían en paz al resto de nosotros. Estaban convencidos que sin nuestro líder, desistiríamos de la lucha y volveríamos a nuestras actividades comunes. Pero no podíamos entregarlo, queríamos salvar la vida de Ale y sería bueno también no tener al Gobierno persiguiéndonos cada segundo pero tenía que haber otra opción.

Jair nos miró a todos durante un segundo y casi con lágrimas en los ojos, nos dijo: ̋Tengo que hacer esto. Tal vez, si yo no los hubiera metido en esto, nada hubiese pasado. Se los debo a cada uno de ustedes, debe haber una razón por lo que todo esto ha pasado. Además, estos han sido los mejores tres años de mi vida, pude hacer un cambio en el mundo, no importa cuán grande haya sido, importa que ocurriera y lo hice con mis amigos, aquellos que con mi familia (y Zeta) son lo que más valoro en este mundo. Y tengo que salvar a Ale, no me perdonaría a mi mismo si algo le ocurriera. Cuando la conocí estaba en pleno proceso de intentar ser una mejor persona y ella me ayudo a darme cuenta que era posible, ante sus ojos, soy una mejor persona. Me hizo ver que todas las concepciones que tenía sobre que viviría solo estaban equivocadas. Me salvó y es mi deber salvarla ahora también"

Él sabía lo que ocurriría, todos lo sabíamos. Aun así no podíamos hacer nada, estaba decidido. Nos comunicamos con el Gobierno concertamos la reunión. Fue en un lugar alejado de la ciudad, donde nadie pudiera darse cuenta que pasaba. Tenían a Ale amarrada de manos, al verla otra vez los ojos de Jair se llenaron de agua y hacía lo máximo posible por contener las lágrimas. Se acercó a ella y la abrazó, poco a poco Ale entendía lo que estaba ocurriendo y le pedía que por favor no lo hiciera. Jair le hablaba pero Ale no podía contener el llanto, le dio un último beso en la frente y en ese momento se llevaron a Jair, dejando a Ale libre. No creíamos lo que pasaba aunque sabíamos que pasaría, era la última vez que veríamos a Jair con vida.

El mismo día de la muerte de Jair y debido a que no volveríamos a usar nuestros poderes, hicimos público el secreto. Ahora todos sabían quién era y a cada persona que ayudó de una manera u otra, asistió. Yo, como sidekick, tuve el honor de decir unas palabras, estas fueron:

̋Jair siempre se preguntó cómo sería su funeral. Quería saber quienes estarían ahí, que pasaría, que diríamos. No lo hacía por ego. Quería saber si había cumplido su objetivo en la Tierra. Este era tratar de hacer el mundo un lugar mejor, si podía cambiar la perspectiva de tan solo una persona y demostrarle que hay esperanza, se sentía realizado. Quería que todos lleguemos al potencial de lo máximo que podríamos ser. Siempre me ayudó, como creo que lo hizo con todos los presentes. Cambio mi vida cuando estaba hundida en tinieblas. Así que les transmito el mensaje, como él quisiera que lo haga: Look up to the sky, for hope burns bright!

2- El día según Diego (Sapo-Lobo-Hombre)

Desde su propia perspectiva, Jair Luján no es precisamente lo que llamaríamos el objeto de estudio por antonomasia. Como todo ente terrestre, tiene historias que contar, más de una singular, sin embargo, atribuirle aquel valor es algo que este humano de Lima ejecuta con cierta cautela. Describir su día a día podría parecer para muchos la más azarosa y tediosa de las empresas, mas sólo aquellos que ven más allá de lo evidente, cual felino espacial ducho en el arte de la espada, y saben explorar entre lo recóndito y absurdo de este planeta, habrán de reparar en la individualidad de su existencia. Ahora bien, observemos, entonces, un día en la vida de este organismo de 20 abriles.

El Hombre de Acero se despoja de su gastado traje rojo y azul y se dispone a ingresar a su otrora hogar. Kansas nunca se vio tan apacible. La vieja sala no había cambiado en lo absoluto, tan limpia y tan familiar. El reportero del Daily Planet se abotona la nívea camisa, observando las fotografías en la repisa, junto a la chimenea. Sonriendo, coge una de ellas: un recio muchacho, levantando un árbol, flanqueado por una pareja feliz. Absorto en la imagen, tarde un par de segundos en sentir el dolor provocado por la presión de una mano en la herida del hombro izquierdo, generada dos noches atrás, por Brainiac. Clark gira sobre sí mismo, azorado, para súbitamente tornarse pletórico de alegría. Era Jonathan Kent.

Un tierno mas nada sutil movimiento de Zeta, su cánido amigo, despierta a Jair de su sueño. Nuevamente había saboteado su onírica oportunidad de encarnar a su superhéroe preferido. “Maldito Zeta”, susurra para sí mismo, y se dispone a levantarse. Quizás sea el último vástago de sus padres, ciertamente, mas no el de Krypton. Sin embargo, la capacidad de abstracción de nuestro imberbe protagonista podría llegar a sustraerlo a estancias acaso más remotas. Poco antes del mediodía, luego de un frugal desayuno, Jair Luján ingresa al ordenador para comunicarse con su proveedor de tebeos habitual. “War of the Supermen #4”, teclea emocionado, ávido de más historias, sabiendo que habrá de ser suyo pronto.

En efecto, considerarse un aficionado a los cómics es algo que Jair no tardó mucho tiempo en hacer. Había hecho sus pinitos en la gran exploración de aventuras de justicieros superpoderosos con la casa Marvel y el arácnido fotógrafo del Bugle cautivándolo en cada relato. No obstante, de un tiempo a esta parte, y por motivos que a este juego no competen, se adentró única y definitivamente en el Universo DC, y descubrió a Superman, Batman y a cientos de asombrosos personajes de ensueño en todo su esplendor. Y vagar entre tus pensamientos, recreando tu vida como un metahumano, realmente no cuesta nada. Jair lo sabe, y a pesar de que esto le genera ciertas complejas y prolongadas interiorizaciones en torno a la forma de interpretar el conflicto entre el bien y el mal en nuestra realidad, cuestión que le ha traído más de un problema en su devenir diario, le encanta.

Luego de haber recorrido rápida y vorazmente las páginas de una aventura de Green Lantern, nuestro objeto de estudio se prepara para su día de clases. Tiene que estar allá a las tres de la tarde, y restan pocos minutos para las dos. Si algo ha de sentir ahora es apremio, así como también cierto desgano que lo atrae y lo lleva a seguir divagando en el trayecto.

De pronto, observa cierta discusión en el transporte. El tipo encargado de cobrar pretende hacerlo más de lo debido. Su víctima se levanta, indignada. Jair atisba con el rabillo del ojo, disimulando. Dos chicas opinan, engendrando una amonestación que invade el vehículo e impele al cobrador a otorgar el respectivo cambio a la mujer. Jair Luján tiene 20 años y sufre de breves asaltos por cambiar el mundo, pero esta vez no actuó velozmente. Al cabo de una hora, llega a su destino. Arriba al paradero e inicia el camino a pie hasta la universidad, no obstante, la dejadez lo sitia una vez más y se detiene, algo resignado con respecto a la idea de asistir. Después de ciertas vacilaciones, y finalmente resuelto, se dirige a adquirir un dulce en una repostería aledaña. Ingiere el postre con calma, mientras efectúa las comparaciones entre Zeta y Krypto, the Superdog, y concluye en que no existe ninguna, pero no duda en conseguir una capa para su joven compañero beagle. Presto a partir, se dirige al cajero para pagar la tartaleta, cuando presencia un suceso que lo disgusta sobremanera: un indigente, ciego de un ojo, se adentra en el local, reclamando comida. Su ajada vestimenta y tostadas manos no conmueven a nadie, generando la respuesta contraria, con todos los comensales protestando y él como único espectador silente. Prontamente desterraron al tuerto del establecimiento, de la manera más hostil, escobas y agravios incluidos. Indignado, Jair se retira del local, con la voluntad emergente, cada vez más manifiesta. La próxima vez, piensa, actuará.

Y esa próxima vez, para total sorpresa de nuestro pasmado mozalbete, resultó más cercana de lo previsto. Recorrer las calles con la habitual parsimonia de Jair podría acabar con la vida de las criaturas menos pacientes. A pesar de ello, es la recurrencia de este pausado caminar lo que lo lleva a toparse con aquella ocasión tan preciada.

Reanuda el desplazamiento por la calzada, sin nada que esperar, cuando de pronto surgen desde la izquierda, por la calle transversal que estaba a punto de cruzar, dos personas. Jair vira en el acto y los contempla. La distancia que los separaba de ambos era insignificante. Uno de ellos, el más corpulento, asesta un enérgico golpe al segundo, un hombre mayor, de terno negro. El bastón del anciano cae en la autopista. Casi al instante, el bandido revela un puñal en la mano derecha. El viejo coge sus gafas y se yergue, cojeando. Una estocada inadvertida para nuestro ingenuo protagonista, y para nosotros los espectadores, fue a dar en el brazo de la septuagenaria víctima. Tormentosos alaridos, tan intensos como los lamentos de un alma en pena, suceden uno tras otro, mientras el malhechor extrae la billetera del saco y despoja del reloj a la ajada muñeca. Después de una fugaz y frustrada búsqueda de teléfonos móviles, el atracador echa a correr, obsequiando una penetrante mirada antes de su partida a Jair, quien continúa observando, turulato. Raudamente vuelve a la realidad, aproximándose al vetusto hombre. El asfalto empieza a teñirse de escarlata, la mano manchada de sangre coge el antebrazo del muchacho, quien lo ayuda a levantarse. “Ayúdame, cógelo”, exclama, cerrando los ojos y apretando el brazo con el arma blanca incrustada. Más allá de toda escena, en los adentros de Jair, se engendra una pregunta que le carcome las entrañas:

“¿Qué hubiera hecho Superman?

Su resolución es inmediata. Con la voluntad al tope y el corazón extasiado, emprende la persecución por las calles, no sin antes trastabillar al pisar el cartapacio del viejo, hojas y archivadores esparcidos por la acera. El momento que él había estado esperando, el acontecimiento que pruebe todo aquello en lo que cree, se estaba dando. Si bien no poseía ningún anillo de poder esmeralda ni la velocidad de la luz y menos aun la capacidad de emitir rayos ópticos, Jair Luján estaba determinado. Dobla la esquina y lo intercepta antes de que cruce la avenida. Profusión de vehículos, polución imperante y Jair haciendo justicia por vez primera. Enfrascado finalmente en su propia batalla, coge al delincuente por la espalda y logra tumbarlo antes de que escape. El reloj cae al suelo y nuestro novel héroe recibe un puntapié en el estómago, seguido de un contundente gancho en el rostro. Aturdido por el impacto, cae, derribado, mas logra cogerle la pierna y aferrarse a ella, logrando que el delincuente lo acompañe en el pavimento. Ya no piensa en lo absoluto, con cada golpe, cada patada, siente. Alcanza la mano de su enemigo y la muerde instintivamente, mas este no abandona la billetera. De súbito, el maleante logra despojarse de nuestro protagonista y se yergue. Casi con la misma celeridad, Jair se limpia la sangre de la boca y se dispone a atravesar la autopista para atraparlo, sin embargo, prevé el advenimiento del camión, deteniéndose en seco. Es aquí donde se manifiesta su conflicto: ¿era acaso tan valiosa la vida de este criminal? ¿Habría de salvarla con la misma voluntad con la que ayudó al anciano? El recuerdo del Hombre de Acero arriesgando su vida por su némesis, Luthor, lo esclareció todo. El flamante justiciero cruza la pista y embiste a su rival, lanzándolo a la vereda. Este se levanta ipso facto e ignora la billetera situada en el centro del camino, pues ahora contempla el devenir más insospechado de su nada productivo día: el defensor del anciano, aquel extraño y magro pelmazo que se entrometió en su atraco diario, rodaba por la parte superior del vehículo, deslizándose por la cola del camión y retornando a la autopista. Amedrentado por las posibles represalias, se esfuma, en tanto la muchedumbre se congrega, alertada por el súbito giro del transporte de carga.

Jair Luján no tiene fuerzas para sonreír, mas sabe que ha hecho lo correcto. Segundos antes de que el tumulto rompa en llantos, gritos y exacerbaciones al encontrar su cuerpo sin vida, solamente alcanza a pensar una cosa: podría acostumbrarse a limpiarse la sangre de los labios.

JAIR LUJÁN CHÁVEZ

Fue una criatura memorable. Si bien concebía su estadía por este mundo sobre la base de una incertidumbre de grandes proporciones, se hizo famoso entre aquellos que tuvieron la nada infortunada oportunidad de conocerlo, ya sea quienes lo apreciasen, detestasen o ignorasen, por su código moral implacable, su idealismo inquebrantable y su afición a los cómics, que lo influenciaron sobremanera y alentaron a seguir sus principios hasta el último momento. Asimismo, un peculiar sentido del humor, un amigo beagle muy divertido y una profusa colección de historietas de las que por cierto prometió obsequiarme aquellas que contaban las aventuras de Green Lantern, representaban en gran medida su existencia.

Su paso por estos lares no habrá de olvidarse, tampoco sus cómics de Blackest Night. Cantemos mantras implorando que su espíritu jamás halle un anillo negro.

For hope burns bright!

R.I.P.

1-El día según Alejandra Catter

Jair iba del paradero a su casa como todos los días de semana, las clases habían terminado bastante tarde, y lo habían dejado cansado. No tenía prisa por llegar a su hogar. El clima no favorecía su paso tranquilo, pero el frio era soportable, por lo que por ahora tenía tiempo para caminar, además, era viernes por la noche, y estaba bastante seguro de que no habría nadie en casa para cuando llegara.

La fría humedad del ambiente comenzaba a aumentar, tiritaba, por lo que aumento el ritmo de sus pasos mientras se le venía a la mente una no muy grata imagen de su madre diciéndole: ”’muchachito irresponsable!”…..Si ella supiera que apenas iba abrigado para el clima que estaba haciendo en estos días era muy probable que le dijera algo por el estilo, o quizás algo peor; pero claro, nunca se enteraría, y ni pensar en decirle del resfriado que se avecinaba, aprovecharía que ella se encontraba en chile para mantenerlo todo por lo bajo.

Siguió caminando, y mientras se acercaba al condominio pudo notar la casi nula iluminación de todo el lugar, no lo había notado de tan abstraído que había estado; la cuadra se encontraba completamente a oscuras – un apagón, probablemente-, pensó perdiéndose de nuevo en pensamientos sobre madres sobreprotectoras y superhéroes, mientras miraba el nublado cielo de lima.

Abrió la puerta de su casa de forma casi automática, y entró a oscuras – Gina? Sergio? - nada, tal como se lo esperaba; trato de prender la luz en vano, olvidando que no había electricidad en toda la zona –genial…-.

Camino a su cuarto, cogiendo a tientas el pijama que tenía sobre su cama, y se lo puso encima. La oscuridad no le permitiría leer ni siquiera un libro y no tenia ánimos de ponerse a jugar sudoku, tendría que usar el celular a modo de lámpara, y apretar el botón cada 5 minutos era demasiado molesto, por lo que opto por adelantar su sueño un par de horas, así que con la decisión tomada se recostó en su cama mirando al techo.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que había caído en la semi inconsciencia del sueño; ruidos en la puerta principal lo habían despertado, probablemente alguien entrando, y mientras unos pasos se alejaban hacia la cocina, él, de forma perezosa, cogió su celular para mirar la hora, mientras pensaba en cuál de sus hermanos seria el que había llegado.

01:24 am – Nuevo mensaje

Jair, me estoy quedando a dormir en la casa de una amiga, si llama mama estoy durmiendo. Mándale saludos a zeta de mi parte. Gina 12:32 am

Ya no tenía sueño, y se dirigió al baño. Los pasos de su hermano sonaban fuerte y descontinuados–seguro estuvieron tomando- pensó con fastidio. También pudo escuchar los ladridos del perro, probablemente emocionado por recibir al nuevo invitado, mientras que la televisión de su cuarto se prendía, para su suerte la energía ya había regresado.

Aliviado por el regreso de la electricidad salió del baño dirigiéndose a la computadora; se sentó en el asiento de madera lisa y se dispuso a presionar el botón del CPU, espero unos segundos, pero nada ocurrió. Sin pensarlo mucho fue a revisar la conexión de la computadora, acuclillado frente al tomacorriente se cercioró de que el cable estaba conectado, lo que se le hizo raro, pero descarto sus preocupaciones al imaginar una falla debido al apagón.

Decidido a hacer algo más productivo que dormir se paró a prender el switch de la luz que se encontraba mas a la mano –tampoco paso nada- . No le encontró sentido, la televisión estaba prendida.

Giró y se dirigió a su cuarto, iba a comentarle a Sergio lo de la computadora, pero no encontró a nadie, solo la televisión encendida. Acercándose un poco pudo ver que estaban pasando una película de terror, se veía el interior de una casa a oscuras, mientras sonaba una melodía de acordes desafinados y un hombre escondiéndose detrás de un sillón, respiraba agitadamente en expectación de lo que se avecinaba, se oía la madera crujir y al asesino acercándose, tomándose el tiempo para atrapar a su presa; curioso, nunca había visto una película de ese corte con un personaje masculino como principal.

-Tonterías- Apretó el botón “siguiente” del televisor para cambiar de canal, pero no funcionó, Acercándose más a la pantalla decidió intentarlo de nuevo repetidas veces, sin lograr ningún cambio.

No supo a ciencia cierta si fue la atmosfera tétrica de la casa, las fallas con los artefactos o el que hasta ahora su hermano no se hubiese decidido a aparecer físicamente lo que lo comenzó a poner nervioso, pero empezó a transpirar, mirando a todas partes sin ver nada realmente, con el pulso que comenzaba a acelerarse y tratando de estar atento a lo que pasaba a su alrededor, sin embargo ni siquiera la inconsciente expectación al peligro que estaba experimentando lo prepararía para lo que sucedería luego.

-Viene por ti…- El hombre de la televisión se había deformado completamente, tenía una sonrisa que distaba de lo alegre, llena de dientes entre marrones y amarillentos; sus penetrantes ojos de venas inflamadas y pupilas negras lo miraban, sádicos, atentos a él; pero fue la estridente carcajada que retumbaría en los oídos del muchacho el resto de su vida lo que lo dejo sin aire, mientras su contraído corazón hizo que sintiera que el alma se le salía del cuerpo.

Salió corriendo aterrorizado al oscuro pasillo para alejarse de tal rostro y se encerró en el cuarto más próximo, el de su hermana, y así, apoyado contra la puerta, le pidió inconscientemente a Dios que lo protegiera.

-No puedes escapar…- Le dijo nuevamente le de la pantalla, y fue solo un segundo lo que le tomo para nuevamente salir de la habitación, el corazón latiéndole a mil por hora, desesperado por alejarse lo más pronto posible del lugar, pero la visión de una sombra gigantesca frente a él lo hizo retroceder casi instintivamente.

Su tamaño era lo que más resaltaba de la figura. Era una masa de músculos similar a un hombre, pero distaba mucho de ser catalogado como tal. Sus extremidades eran gigantescas, deformes y rugosas, mientras que sus dedos parecían tener espasmos, se contraían a destiempo entre ellos; carecía de rostro definido, sin embargo sabía que podía verlo de frente, a su presa, la victima del día.

Lo vio acercarse a él, tambaleándose, estirando sus deformes brazos intentando alcanzarlo, y solo atino a correr al baño, encerrarse, y esperar. Cogiendo el espejo que reflejaba su aterrorizada imagen, lo partió golpeándolo contra la pared, fabricándose un arma para defenderse.

Fue en ese momento cuando comenzaron los golpes. A aquella criatura solo le tomaron 3 garrotazos para destrozar completamente la puerta, y sin darle tiempo a retroceder lo cogió del brazo. Tenía tal fuerza que su agarre lo quebró en un ruido sordo, haciéndolo gritar de dolor; no tuvo tiempo para reaccionar tan rápido como hubiera deseado.

Aquello que lo había acosado durante el transcurso de la noche finalmente lo tenía en sus manos. Sentía la piel caliente y sudorosa de aquella cosa sosteniendo de su brazo derecho, sintiendo dolor y repugnancia a la vez. Hizo todo lo posible para zafarse, y mientras que el dolor había provocado que saltaran lagrimas de sus ojos, se dio cuenta, con horror, de que sería inútil.

“Eso” lo miro directamente, no podía saberlo a ciencia cierta pero estaba seguro que sonreía, jugando con él, torturándolo. Finalmente la otra mano de aquella cosa se acercó a su brazo atrapado, sus dedos capturando la piel del dedo índice del joven, comenzaron a jalarla como si de la cascara de una fruta se tratase, lenta, dolorosamente– AGGHH…!!!!-.

Despertó sobresaltado incorporándose casi automáticamente de su cama, haciendo saltar a la mujer que tenía durmiendo a su costado, quien asustada volteo a mirarlo. – Qué pasó?- . Él la miró con incredulidad, no había monstruo, ni pasos descontinuados o artefactos malditos, ni siquiera un apagón; todo había sido un sueño, se decía mientras los latidos de su corazón se regularizaban. Agradeció a Dios por que estuviera vivo, y finalmente se tranquilizo, tenía mucha vida por delante aún como para pensar en cómo sería su muerte, ya se había dado cuenta que sobre pensarlo solo lo llevaría a tener pesadillas. – Nada, fue solo un mal sueño, durmamos- dijo recostándose de vuelta, junto a ella, abrazándola por la cintura. Aun había mucho por vivir.

Jair Luján Chávez: Fue un excelente escritor, mi mejor amigo y la mejor persona con la que pude toparme en la vida, fui muy feliz a su lado. Sera recordado por aquellos a quienes llego a considerar amigos de verdad, por quienes siempre veló y trato de ayudar en todo lo posible. Logro todo lo que se propuso en la vida, y finalmente murió habiendo ayudado a cambiar el mundo al dedicarse a apoyar a aquellos que lo rodeaban. Nunca necesito superpoderes para lograrlo.

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Pues, espero que les haya entretenido este post, dejen sus comentarios (los tres co-autores se lo agradeceran) y si asi lo desean sus propias hipotesis y/u opiniones.

P.D: Existen dos escritos más que no alcancé a subir por falta de espacio, pero los pueden encontrar aquí.