lunes, 7 de noviembre de 2011

Crisis de Identidad


No me gusta ver el noticiero.

Siempre pareciera que lo único que resaltan son los malos sucesos en el mundo, lo cual hace que me deprima o preocupe por el estado de este. Siempre pasan alguna noticia sobre el asesinato de alguien, sobre el atropello de alguien o sobre algún mal que aqueja a alguna persona.

Entiendo el porque existen este tipo de programas, y apruebo en su mayoría lo que hacen, solo no me agrada.
Hoy me acerqué al cuarto de mi madre para conversar un rato, algo que no hacemos hace mucho, ya que quería ayuda sobre los problemas que tenía en la universidad y en mi vida privada, pero ella no se encontraba ahí. Decidí esperarla y me senté en su cama, decidido a ver la televisión por un rato.

Prendo el televisor y lo primero que escuchó es como un conductor grabó el momento preciso en el que una mujer saltó de un puente y cayó a la autopista. Uno de los autos se detuvo para no arrollarla, pero el enfoque periodístico se daba en el hecho que absolutamente ningún conductor se detuvo a auxiliar a la mujer, ni siquiera aquel que grabó el incidente.

La mujer que dictaba la noticia recalcó que esto pasaba a unas semanas de reportarse un incidente en otro país en el que una niña había sido atropellada y ninguno de los peatones (que fueron grabados) se digno a ayudarla.

La niña murió en el hospital.

Apagué el televisor y me retiré de la habitación, el tema de conversación con mi madre completamente olvidado.

Me puse a reflexionar porque nadie se había detenido a ayudar. No lo entendía realmente, en ambos casos había una persona lastimada, y aún así, nadie se había detenido a dar una mano. No pude evitar preguntarme como hubiera actuado yo en una situación similar, y me dio escalofríos no encontrar una respuesta.

Últimamente he tratado de desligarme de los problemas del mundo. No quiero que nada me importe, he estado con un discurso de que el mundo se puede ir al infierno por todo lo que a mi me importa. Discutí que me había cansado de tratar de ayudar y que nada tenía solución, así que a lo único que me dedicaría sería en concentrarme en mis asuntos y dedicarme a pasarla bien, al diablo los demás.

Solo hubo una persona que me discutió mi nueva forma de ver la vida, Alejandra.

“Tu problema es que te obsesionaste demasiado con la idea de ayudar, pero nunca hiciste nada y te sentiste mal constantemente. O capaz hiciste algo, pero siempre querías más” son palabras que se me han quedado grabadas en la cabeza.

Recordé hace un par de días encontrarme en el microbús conversando con ella sobre la universidad y superhéroes cuando ella noto a una señora parada sujetándose del pasamanos. La señora era de la tercera edad y observaba el asiento reservado, asiento que estaba ocupado por un hombre de 30 años con terno y conversando por celular.

Con Alejandra tuvimos un pequeño debate sobre ese tema. Yo decidí pararme y cederle el asiento a la señora, aún si yo estaba sentado a casi el final del bus y (legalmente) no tenía ninguna obligación de hacerlo.

-Eso no soluciona nada, él es quien debería pararse, ¿Por qué tú deberías hacerlo? – Me pregunto ella mientras yo le entregaba mis cosas.

-Bueno…no sé. Creo que no importa al final si él hombre se para o no. En teoría él debería hacerlo porque no solo es lo legal, sino también lo correcto. Pero no lo va a hacer, y a mi lo que me importa es ayudar a la señora. Al final, importa que ella esté bien, no importa de donde venga la ayuda, ¿no?

He intentando que no me importen las cosas últimamente. Y hasta cierto punto he tenido éxito, pero no es algo que me agrade. No creo que pueda vivir mi vida de esa forma. No, no es eso. Sé que puedo vivir de esa forma, solo que no lo deseo, porque sé que no me hará feliz.

Vivir una vida libre de preocupaciones, vivir una vida sin que te importe nada – o casi nada – es fácil. Cualquiera puede hacerlo. Es lo más fácil del mundo. Pero vivir de una forma centrada, vivir una vida tratando de hacer lo correcto…es una de las cosas más difíciles del mundo.

No puedo tratar de ser Batman cuando toda mi vida me he esforzado en ser como Superman.

No digo que sea una buena persona o que no haya cometido errores, como todos en su momento la he cagado de formas monumentales. Ha habido momentos – y estoy seguro que los habrá en el futuro- en que he dicho y/o hecho algo totalmente equivocado y por lo cual otras personas, a veces yo también, han salido lastimadas. No estoy haciendo excusas para los errores que he cometido, los acepto y trato de corregirme y aprender de ellos. Seguir adelante es la clave, tratar de no tropezar con la misma piedra. Si hiciste algo mal, corrígelo y se mejor.

Al final, creo, sigo siendo el chico inmaduro y tonto que genuinamente lo único que quiere es ayudar a la gente. Es algo que quiero hacer, es a lo que quiero dedicarme. No se como aplicarlo a mi vida profesional todavía (porque no estoy seguro que tendré una vida profesional) pero sé que es una de las pocas cosas que genuinamente me haría feliz.

Claro, me traerá problemas, como siempre. Me complicaré bastante y me cuestionaré muchas cosas, pero sé, en el fondo se, que es lo que quiero hacer.

Pero aprendí algo de ver las noticias y de reflexionar sobre el incidente en el microbús. Como dije en ese momento, no debería preocuparme de sobremanera acerca de cómo se comporten los demás, sino debo pensar en mi, en mi caso y en mi vida. No puedo modificar la conducta de otros, no importa que tanto reniegue, no importa que tanto escriba o que tanto le de vueltas al tema en mi cabeza, no puedo cambiar a aquellos que no desean cambiar. Pero yo sí puedo hacer algo, y eso es en lo que debo concentrarme.

Así que, para bien o para mal, (creo que) esta crisis de consciencia ha terminado.

Hasta una próxima comunicación :)