domingo, 24 de junio de 2012

El porqué odio a Superman

O por lo menos a la nueva versión que DC trata de venderme.

Por esto:




Y esto:
 Ahora, debo admitir que las historias narradas después del "reboot" han sido buenas. Por lo menos las de Superman escritas por Grant Morrison, han sido buenas y entretenidas. Pero no son de Superman. O por lo menos no como yo lo entiendo.

En estos nuevos comics se nos presenta a un Clark Kent mucho más joven y comprometido con defender al hombre común. Este Superman es extremadamente idealista y no duda en usar la fuerza para apoyar su causa, definitivamente, mucho más "joven idealista rayando hacia extremista" que el héroe clásico y usualmente tranquilo como usualmente ha sido interpretado. Este Clark esta enfermo del estado del mundo y de la sociedad, y esta dispuesto a hacer todo lo posible para traer abajo a todas las personas que el cree están mal. Y su idealismo y ganas de ayudar a veces le impiden ver que los problemas del mundo son mucho más complejos de lo que cree; un ejemplo es cuando se queja de que no ayuden a combatir el hambre mundial, porque no rescatan a personas siendo torturadas o asesinadas alrededor del mundo, porque no luchan contra dictadores en otros países, contra políticos corruptos en lugares lejanos de sus respectivas ciudades; solo para que sus compañeros de la liga de la justicia le respondan que no pueden entrar en otros países y deben respetar las leyes. Superman, desanimado, se va.

Ahora, puedo identificarme con eso. Creo que cualquier persona puede identificarse con esa idea, con ese fuego interno de querer hacer un cambio en el mundo pero no tener las herramientas para lograrlo. Y más de uno habrá pensado en que cambios podría hacer en su país si tan solo pudiera pararse y hacer algo extraordinario. Y también puedo identificarme con la ira y repulsión hacia el estado del mundo, hacia las injusticias y el cuestionar constante las autoridades que vemos como "no haciendo nada" por los demás.

Todo eso esta bien y es extremadamente identificable e interesante.

Pero no es mi idea de Superman. Para mi el personaje representa ideales mejores que los de agarrar la justicia con tu propia mano, mucho mejores que intimidar a los demás y tratar de cambiar a la sociedad a la fuerza. El Superman actual es un hombre en una cruzada por la verdad y justicia, y eso es muy admirable, pero simplemente, no me agrada su capacidad rápida para tornarse violento y agresivo. No es para mi.

Es una idea muy simple realmente, y es algo por lo cual siempre solía defender mi fanatismo con el personaje.

Actualmente buscamos héroes imperfectos para sentirnos identificados con ellos, pero aún así necesitamos un héroe mejor que nosotros para sentirnos inspirados por este.

Espero que eventualmente este joven Clark Kent crezca para ser el Superman clásico, hasta ese momento, seguiré leyendo las historias, pero siempre con un sabor amargo en la boca, no disfrutando completamente la aventura en mis manos. 

Simplemente, no es lo mismo.

jueves, 14 de junio de 2012

Lima la horrible



“Lima es una de las 10 ciudades más odiadas en el mundo” colgaba como título de un artículo en Internet.

Yo, curioso, entré a la noticia y la leí mientras tomaba una taza de café, estando completamente de acuerdo con lo que se decía en el periódico.

Y luego me puse a observar los comentarios.

Como era de esperarse, aunque no pensé eso en el momento, la mayoría de los comentarios eran de personas quejándose de este ranking, citando celos por parte de las personas que habían hecho la encuesta, yendo tan lejos hasta para decir que todo era una conspiración para alejarnos del ojo público.

Obviamente, pocas personas habían leído el artículo, ya que nada de lo que se decía ahí era mentira o exageración.

Lima tiene demasiada contaminación. Es cierto.
Lima apesta. Es cierto. No en todos sitios, pero en otros el olor es horrible.
La delincuencia está en aumento. Es cierto.
No existe respeto. Es completamente verdad.

Pero no, la gente no puede aceptar eso.

Antes de continuar, debo decir que me agrada mi país. Me gusta la rica historia que tiene, y su comida es maravillosa. Hay muchas cosas de mi país que me encantan y estoy gustoso de compartir con el mundo, pero eso no impide que la capital tenga muchos problemas por resolver.

Hace no mucho conversaba con un amigo de porque me agrada que no tengamos un buen equipo de futbol, argumentando que muchas veces los peruanos damos razones para no “merecer cosas buenas”. Y es que, cuando tenemos algo de que sentirnos orgullosos se nos va de las manos, nos volvemos ególatras y superiores al resto del mundo.

Tomemos este comentario de la página que reportó la noticia de la que hablo, por ejemplo:

Tenemos a MACHU PICCHU la septima maravilla y el Imperio mas alto de todo el mundo! Somos GRANDES de nacimiento! Somos de la sangre mas noble y dominante de todo el continente! SOMOS PERU!

Ajj.

¿En que momento pasamos exactamente de ser acomplejados a ser altaneros? No puedo recordarlo.
.
Pero así pasa también con el futbol y la comida, obtenemos algunos logros y en esa area nos creemos completamente superiores a los demás. En especial en la eterna (y ridícula) disputa entre peruanos y chilenos. No hace mucho se reportó que el presidente de Chile decía que la mayoría de buenos restaurantes en Santiago eran chilenos, y los comentarios de mis compatriotas no se hizo esperar.

“Obviamente, ¡mueran rotos, somos mejores, viva Perú!”
“Solo dice lo que ya se sabía, ¿Qué van a decir los rotos ahora? Jajaja, siempre debajo de nosotros”

Y así.

¿Por qué comento esto? Porque algo parecido pasó con la noticia de Lima. Muchas personas tacharon el reportaje y dijeron que era una conspiración, obviamente cometida por chilenos que siempre han estado envidiosos de nosotros y que nos odian porque somos mejores.

O si no, obviamente es culpa de los serranos y cholos, esa "gente pobre y sin educación" que nos trae abajo a todos.

Yo también comente la noticia, y copiaré aquí lo que dije, con faltas ortográficas e insultos:

“¿Por que no? Lima es un caos constante, y no porque tenga aspectos positivos (como la mayoría de cosas en la vida) o porque uno sea limeño va a ignorar eso. Básicamente no hay respeto (Y a todos los que dicen que eso es culpa de los cobradores o "gente pobre", me van a decir que los hombres que le faltan el respeto a las mujeres en las calles, diciéndole cosas o demás, son solo gente de esa realidad socioeconomica? Mentira, ese tipo de cosas sucede en todas partes y por parte de personas de diferentes niveles, así que no jodan), las señales de transito son casi inexistentes (la gente conduce como le da la gana y los peatones cruzan por donde les plazca) y el nivel de criminalidad sube constantemente. Lima tiene sus cosas, y en algunos aspectos es muy bella, pero no se puede tapar el sol con un dedo. Y en vez de estar insultándonos entre nosotros (algo clásico que se hace constantemente, vean el caso de las elecciones presidenciales, semanas de comentarios racistas por doquier) deberíamos esforzarnos en cambiar las cosas que podamos, respetando las señales de transito, no contaminando y RESPETÁNDONOS LOS UNOS A LOS OTROS. Si se quiere salir de esa lista no se debería buscar otras ciudades que poner ahí, o razones para quejarnos, sino ser pro activos al respecto.

Obviamente, fui ignorado completamente, mientras los comentarios paranoicos, xenófobos y racistas eran los más aprobados.

Las personas que más defendían a “lima la horrible” parecían niños pequeños que se tapaban los oídos con las manos, gritando “nanananana” a las personas que dan críticas constructivas mientras las insultan como mecanismo de defensa.

Y yo ya no podía soportarlo. He pasado las últimas semanas discutiendo con demasiadas personas respecto a temas como la homofobia, la discriminación sexual, el respeto hacia otros, y ya estaba cansado. Leer tantos comentarios negativos, leer tanta ira y estupidez en mis compatriotas me hizo empezar a llenarme de ira, a apretar mis puños mientras intentaba calmarme.

Es por eso que, cuando mi hermano me sugirió sacar a dar una vuelta a los perros acepté sin dudar. 

Necesitaba salir, y creí que esto ayudaría.

No fue así.

=====

Una de las pocas cosas rescatables de Lima sería su clima frio.

Me gusta el frio, me permite usar casacas, estas se sienten como una manta de seguridad alrededor de mi cuerpo, protegiéndome dentro de mi caparazón a la vez que me alejan del resto del mundo.

Lamentablemente, todo esto no ha hecho nada por aplacar la ira que corría a través de mis venas.

Mi hermano paseaba a Mika, nuestra beagle hembra, mientras yo jalo conmigo a Zeta, el perro macho.

Trato de pensar en cualquier cosa que aleje mi mente de los problemas en mi ciudad, pero nada parece funcionar. Cada grito, cada claxon, cada persona malhumorada que pasa me hace recordar a la discusión que acaba de leer.

El paseo continuó, hasta que veo a la distancia a una señora con un labrador, inmediatamente me detengo y señalo un camino que atraviesa el parque por la mitad, camino que nos permitirá esquivar a la señora del labrador.

Mi hermano tiene otras ideas.

“Vamos nomás” y empieza a encaminar a Mika hacia el otro sendero. Yo me paro firme y trato de disuadirlo. “Tu perra no sabe lidiar con otros animales y va a tratar de morderle o ladrarle para ¨jugar¨, y el labrador va a reaccionar” le digo a regañadientes, no estoy de humor para discutir y solo quiero acabar con el paseo para poder regresar a casa y buscar una forma alterna de poder tranquilizarme.

“¿Y? Ella es quien se tiene que mover, yo no” responde él muy seguro de sí mismo, moviendo su mano libre en dirección a la señora del labrador, que seguía en el mismo sitio oliendo las flores.

Y en ese momento es donde pierdo el poco autocontrol que tenía, donde ya no puedo contenerme más y exploto, atrayendo la mirada de algunas empleadas y un par de niños.

“¡Actitud clásica del peruano, siempre buscando que el resto cambie y se adecue a su forma de ser pero nunca pensando en cambiar ellos mismo! ¡Dios! ¡Me llega este país de mierda y su gente de mierda!” Termino gritándole mientras jalo a mi perro por la correa, este trata de resistirse, pero comprende que no ganara y termina por seguirme.

No volteo. No miro directamente a las personas que me están dando miradas curiosas o hasta desaprobatorias. No me importa.

La ira sigue bullendo dentro mío, mi momentánea pérdida de control no haciendo nada por calmarme.

El frio me golpea la cara, como si el clima estuviera también en contra de que alguien diga algo negativo acerca de Lima la horrible. Mi casaca se abre como una capa, pero en vez de hacerme sentir como un héroe solo me hace incrementar mi molestia. Muevo los brazos rápida y furiosamente para volver las cosas a su lugar, ni una sola vez aminorando el paso.

Mi hermano me sigue molesto, y en su clásico tono de sabelotodo me dice una sola frase.

“¿Cómo te soportas a ti mismo entonces?”

Mi respuesta, con la misma ira de hace un momento, no se hace esperar.

“No lo hago, eso es parte del problema”
====

Me sentí mal luego de eso.

Me sentí culpable por pensar así, por dejarme llevar por sentimientos negativos despertados por personas que ni siquiera saben que existo.

Pero la razón por la que pongo todo esto por escrito es para demostrar un punto. El peor enemigo de un peruano es otro peruano. Ese dicho es muy cierto. ¿Qué gano yo molestando con el resto de la población con la que vivo? ¿Qué hago yo odiando mi país y generalizando a los demás? ¿No es eso acaso en lo que estoy en contra? De la misma manera que mi reacción fue equivocada, amar a tu país, diablos; amar lo que sea, de una forma tan ciega que te impide ver sus faltas y que te hace sentir superior a los demás también es incorrecto.

Yo también, con mi actitud pesimista; irascible y generalizadora, soy parte del problema. Pero quiero cambiar eso para poder ayudar.

Y eso es lo que haré.

Porque solo queda hacer lo que dije al inicio, cambiar las cosas poco a poco y en la manera en la que se pueda.  

No hay mucho más que se pueda hacer, pero capaz con suerte otras personas llegan a la misma conclusión y asi, entre todos, podemos mejorar nuestra calidad de vida. No solo como limeños o peruanos o latinoamericanos, sino en general…al final, una ciudad, un país, es solo un montón de tierra, y nada nos separa de ninguna otra persona en el planeta. Olvidando por un momento la historia, olvidando por unos momentos las fronteras creadas por los hombres, podemos hacer la vida mejor para todos.

Y por eso si vale la pena luchar.