viernes, 3 de abril de 2015

La ultima gran aventura de Boz, el súper perro

Siempre he tenido una relación extraña con los perros. Cuando era muy pequeño, me imagino entre 4 o 5 años, recuerdo haber estado en la casa de mi abuela y acercarme a Clay, era una perra grande del tamaño de un pastor alemán, y se encontraba durmiendo plácidamente en la puerta de la cocina. Me acerqué al animal impulsado por curiosidad infantil, rascándole la cabeza y moviéndola para poder ver sus dientes por debajo de la piel. Luego, y hasta ahora no sé porque, la forcé a abrir la boca para querer jugar con su lengua, y  metí mi mano en la boca del perro, que posteriormente terminó con todo mi brazo en su boca, sus dientes llegando a mi hombro. Ambos nos quedamos quietos sin hacer un movimiento y yo empecé a llorar silenciosamente. Mi madre se dio cuenta de lo que pasaba y alejó a Clay de mí. Aquella experiencia hizo que desde ese momento en adelante les tuviera cierto recelo a los perros. Por regla general me ponen incomodo; siempre tengo cuidado de no acercarme mucho a aquellos que no conozco en caso puedan atacar.

A pesar de todo, cuando era pequeño, alrededor de los 7 años, obtuve un perro. Un pequeño animal color caramelo y de orejas enormes al que llamaba Boz, porque era un niño y eso sonaba bien para mí en el momento, y fue mi mejor amigo. Jugábamos juntos y siempre trataba de pasar tiempo con él, ¡hasta trataba de meterme a su casa para perro para que no se sintiera solo! Y él, en retribución, jugaba conmigo y movía su colita, y pesé a que luego creció en tamaño, pese a que sus orejas se quedaron del mismo tamaño, su entusiasmo cuando nos veíamos y jugábamos nunca disminuyó. Además, estoy seguro que él podía ver más allá de estas tres dimensiones. El pobre constantemente ladraba a una esquina con ángulos extraños, y luego corría, atraía mi atención y no paraba de ladrar. Me imagino algo como esto:

Boz: ¡Hey! ¡HEY! ¡Hazme caso, hay algo ahí, es un monstruo de la cuarta dimensión, yo sé que a futuro te interesará el multiverso, tienes que escucharme!
Yo: ¿Qué pasa muchacho?
Boz: ¡Viene de la cuarta dimensión! ¡Cthulhu R'lyeh fhtagn! ¡Cthulhu fhatgn!
Yo: Boz, tranquilízate
Boz: Guau, ¡¡¡guau!!!

En fin, era un gran compañero de juegos y lo extraño hasta el día de hoy. Mientras crecía, y hasta ahora, tenía dificultades para hacer amigos, no tanto para interactuar con otros, sino para poder ser cercanos y crear una amistad duradera, pero siempre que me encontraba solo tenía a mi muchacho listo para hacerme compañía. En mi casa de infancia solíamos tener conejos y cuyes, y un día mi madre me dijo que nos los comeríamos. Nunca se lo dije a nadie (y estoy seguro que si ahora alguien sacara el tema haría un comentario sarcástico al respecto) pero esa noche subí y pase una hora al lado de la jaula de los conejos, disculpándome por lo que les pasaría y acariciando su pelo. Al día siguiente, cuando observé como los mataba la empleada, incluso llegando a ver la cabeza decapitada que aún se movía, esperé a que todos bajaran de la azotea antes de ir donde Boz y abrazarlo fuertemente, diciéndole que me asustaba no sentirme muy mal al respecto, y que no quería ser malo de grande. Su respuesta fue observarme y lamerme el rostro, como diciendo que todo estaría bien al final.

Mis padres se negaban rotundamente a que el perro durmiera en algún lado que no fuera la azotea, entonces yo trataba de pasar tiempo con él allí. A veces tan solo para verlo caminar y vivir, aunque lo que más pasaba es que nos sentábamos y yo lo abrazaba y le contaba mis pensamientos e ideas para el futuro. Como quería crecer y ser una buena persona, y de cómo no me sentía cómodo con la religión que nos enseñaban, de cómo era pésimo en educación física y de cómo a veces me sentía solo, y él se quedaba ahí, alejándose solo para traer luego su trapo con el que jugaba y mostrándomelo mientras movía la cola de felicidad. Jugaríamos y al acabar le rascaría la cabeza. “¿Sabes Boz?” le decía “Algún día cuando sea grande voy a ser una buena persona, como los Power Rangers o Spider-Man. Voy a ayudar a la gente, para que nadie la pase feo como yo a veces la paso, voy a ser bueno como los superhéroes. Ya veras, y te compraré más juguetes y podrás dormir en mi cama luego de un día de aventuras.” Y él lamería mi mano, otra vez aclarando que todo estaría bien al final, yo le sonreiría y le diría “Vamos a ayudar a mucha gente tú y yo, vamos a ser héroes.

Cuando nos mudamos a un departamento en otra parte de la ciudad las reglas decían que no podíamos tener animales, por lo cual no pudimos traer a mi compañero. No hubo una despedida con lágrimas y promesas, no hubo un gran abrazo o un juego final, solo una mudanza apresurada y un adiós a la distancia. Mis padres me dijeron que lo dieron en regalo y terminó por Machu Picchu, que tuvo crías y que murió un día al ser atropellado por un camión. No sé si sea verdad o un cuento como el de “lo enviamos a una granja”. Lo único que sé es que no tuve una despedida donde pudiera ser yo quien le asegurara, aunque sea una vez, que todo estaría bien al final.

No sé si él me abra llorado como yo lo lloré a él. No sé si él me habrá extrañado como yo lo extrañé a él. Ha habido otros perros en mi vida, pero ninguno tan bueno como él. El niño creció y se volvió un joven, y luego un casi adulto. Por un largo tiempo deje de soñar con actos heroicos y me dediqué a vagar y vivir la vida sin interés alguno por otros o por el futuro, afronté el divorcio de mis padres como pude y la enfermedad de ellos lo mejor que pude también, hasta el día que recobré mi esperanza en los héroes y en un mejor mañana. Me da pena no poder cumplir las promesas que hice de pequeño de ser un héroe y buena persona, pero si daría cualquier cosa por una oportunidad de despedirme como es debido de mi mejor amigo.

Entiendo las razones por las cuales los seres humanos somos tan pegados emocionalmente a los perros, caballos y gatos, es porque son animales que hemos domesticado y criado desde hace cientos de años, a través de tantos años hemos evolucionado, y ellos también, para tener un vinculo entre nosotros, ya es algo casi instintivo el acercarnos buscando compañía y protección. Entiendo que son solo reacciones químicas y vulnerabilidad emocional de un niño, entiendo que estaba deseoso de compañía y busque a un animal para que me la diera, pero por eso mismo sé que como yo quería a mi perro el me quería a mí, y pese a que sé que no hubiera vivido hasta este momento a veces me pregunto cómo hubiera sido tenerlo conmigo hasta el final, poder cuidarlo y pasearlo, hablarle durante los años difíciles de mi pubertad y adolescencia, luchar contra los villanos juntos, no tener que superar los desafíos solo. A veces me gusta pensar que no lo estaba y de alguna forma él me estaba acompañando. Por lo menos muchas veces mi imaginación me lleva a pensar en la compañía de mi viejo compañero. Tal vez estoy un poco más sensible de lo usual por la historia que acabo de leer, pero acabó de ver mi imaginación, mis pensamientos y deseos plasmados en una imagen, y hace a uno pensar.

Al final, no creo en una vida después de la muerte. No creo que exista un dios o algo por el estilo, no creo en nada más que lo que la ciencia me permite conocer. Sin embargo, y por más irracional que suene, a veces me pongo a pensar y a soñar, que tal vez, de alguna forma, en el futuro nos convertimos en energía, o pasa algo que permita la perpetuación de la conciencia, y que un día viaje a las estrellas, que algo me permita reencontrar a mi camarada y nos volvamos a ver, y tengamos una última charla en la vastedad del espacio.  Tal vez hasta tengamos alguna de esas grandes aventuras que le prometí. Tal vez nos volvamos energía y nos juntemos a la energía del resto de los seres vivos del pasado y futuro en un nirvana para la eternidad. Sea como sea, tal vez algún día nos volvemos a cruzar y saludar con el cariño de siempre. Te extraño viejo amigo, ojala algún día nos veamos.



jueves, 26 de marzo de 2015

Arriba, arriba y muy lejos


¿Qué hay de gracioso respecto a la verdad y la justicia?

Mmm, tal vez eso no funcione. Probemos con otro título.

“¿Qué tal “El chico de Metropolis vuelve”?” Nah, aunque me gusta la iconografía, lo tendré en cuenta.

“¿Reintroducción al blog?” Esa es la idea, pero no sé si sea lo correcto…al diablo, escribiré y decidiré un titulo al final, no es como que el blog tuvo alguna vez una línea argumental o algo por el estilo.

¡Hola, bienvenidos a Persona! Por si quieren saberlo Persona significa “mascara presentada para satisfacer las demandas de la situación y no representar al individuo”. Este blog nació en el 2009 por…no estoy muy seguro por qué, estaba empezando una nueva etapa de mi vida en la universidad y escribir sobre mis dilemas existenciales era una propuesta atractiva. Y aunque me guste pensar que desde aquel chico del 2009 al (no tan súper) hombre que escribe ahora ha habido muchos cambios y crecimientos, soy de la idea que uno nunca deja de crecer y cambiar.

Si uno se toma la molestia de leer diferentes entradas de este blog se dará cuenta que hay muchas veces en las que un idealismo enorme brillaba en mi interior, pero que al mismo tiempo constantes dudas me acechaban, y si vemos como es el mundo en el día a día, uno podía deprimirse. Me encantaba reflexionar acerca de diferentes cosas, y no es difícil notar que los superhéroes de comics han sido parte importante de mi niñez y adolescencia a la hora de pensar en el mundo y los demás. Después de todo, sin importar que tan raro suene, lo único que quiero hacer es ayudar a otros. Uno verá que solía ir a Derecho como carrera, pero (y creo que nunca lo llegué a mencionar) luego cambié a psicología, y creo que me ha ayudado. Ahora entiendo un poco más ciertas cosas del mundo, y eso me ayuda a encontrar un centro, además, ¡podré ayudar a las personas por el resto de mi vida! ¿Qué tan genial es eso?

Un cambio de carrera, luchas contra la muerte, perdidas de amistades y una muerte en la familia, todo ha sucedido durante los años de ausencia, y no estoy seguro si lo llegaré a recontar. Siempre he creído que a lo mejor a veces debemos superar el pasado, verlo sin miedo pero saber sacar lo importante para poder dar un salto superhumano hacía el mañana. Solo queda decir que durante los años ha habido caídas, decepciones, luchas contra villanos de dimensiones recónditas y desconocidas, que pusieron a prueba todos los pilares morales de este intento de joven de acero, pero que agradezco hayan aparecido, tanto si fueron villanos por temporadas completas o por un solo episodio. Al final, todo lo malo que superamos nos hace más fuertes, ¿no?

A lo largo de los años desde la creación de este blog conocí (y redescubrí) a maravillosas personas, tenemos a Alejandra, que me recuerda a la Lois Lane de la era de plata, la chica con un corazón de diamante, fuerte, hermoso y puro (y que realmente puede hacerte daño si se usa como arma). Diego “el Sapo-Lobo-Hombre”, un gran amigo al que no veo mucho, probablemente efecto de su constante viaje entre las realidades generando caos, no porque altere la vida de otros, ¡sino porque al aparecer en realidades ajenas se queja mucho de su propia existencia!. Felizmente descubrí la fórmula para mantenerlo a raya, ¡hablarle de superhéroes y películas! Esta Ale-drama, otra gran amiga con la que se vive el mismo dilema de falta de tiempo, pero cuando nos llegamos a ver risas viajan entre los ángulos del universo, y Superman desaparece para volverse la antorcha humana, y él junto a Spider-Man se dedican a bromear y burlarse de los demás. Existe también el dúo dormilón, Lázaro y Guevara, que son posiblemente el único duo que no puede estar juntos en el mismo lugar, ¡a excepción que quieras ver a uno de ellos rendirse a los brazos de Morfeo mientras los demás tratan de conversar! 

Y también existió durante los años la aventura perdida de "letras d-mentes", un grupo de escritores con ánimos de cambiar el mundo, con una sola gran aventura en “el día que nunca sucedió”. De todos los integrantes que conformaban este grupo  todavía me comunico con Italo, con quien conversamos muchas veces de Dios, y pese a nuestras diferentes posturas al respecto, siempre hay mucho respeto y educación por parte de ambos, pilares absoluto de una amistad creo yo; por otra parte, a veces escuchó la voz distante de Marty, del (¿difunto?) blog “Sin pelos en las manos”, pero son transmisiones interrumpidas y usualmente son para quejarse de algo, por lo menos ahora su ira es mucho más útil que antes. Sí, mucho ha cambiado a lo largo de los años, muchas aventuras y, si bien no muchos amigos, los que han llegado han sido de los grandes.

Igual con los lectores de este blog, nunca fueron muchos, pero siempre aprecié sus comentarios y que se tomaran la molestia de leer mis pensamientos, no sé si todavía seguirán haya afuera o lograrán reencontrar esta botella tirada al océano informático, pero si así es, les pediría me lo dejen saber, me encantaría leer sus blogs y saber sus pensamientos.

Nunca pensé mucho en que escribiría en este blog, más que nada solo quería expresar mis pensamientos (y quejarme un poco, para ser honestos), y bien o para mal, ahora tengo una red de soporte que me escucha y apoya cuando lo necesite (a excepción de aquellas veces en la que no lo hacen). Tal vez por eso no he escrito aquí por mucho tiempo, pero espero eso vaya a cambiar. 

Después de todo, ¡estoy cerca al post 100!

¡El origen secreto de (el fan de) Superman! ¡El gran enemigo de Zeta, el superperro! ¡Pasado, presente y (posible) futuro en tu contra! ¡El fantasma en la fortaleza de la soledad! ¡Atrapado en la pirámide dimensional!...en fin, soy un geek, aunque me gusta pensar que soy bien creativo. No sé si llegaré a contar esas historias, pero siempre me vienen títulos que suenan sacados de tebeos antiguos. Al final, creo que me gustaría probar un poco de experimentar con los textos, retomar uno de terror, alguno de comedia (¡¿el efecto Clark Kent parte 3?!), uno de reflexión y otro de optimismo. Tal vez sin el drama característico de la adolescencia (en teoría ya soy un joven adulto) no nos tomemos tan en serio las cosas, y espero que alguien se anime a tomar el viaje conmigo.

¡Hasta una próxima comunicación!